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Bio
Artista de gran talento plástico, cuya predisposición derivó hacia el campo de la arquitectura, viene siendo considerado Agustín Aguirre una de las promesas malogradas de su generación, al no haber podido materializar en toda su amplitud su mundo de ensoñación arquitectónica, monumental, idílica y fantástica, tanto por la situación de penuria económica e intelectual que, en plena madurez, le tocó vivir, como por su renuncia a secundar los sucesivos movimientos artísticos de su tiempo.
Nacido fortuitamente en el caserío industrial de la mina de Los Arrayanes, donde su padre, Gonzalo Aguirre Carbonell ejercía como ingeniero de minas, pronto se trasladó a Madrid para realizar sus estudios escolares y universitarios, inclinándose por la arquitectura como el mejor modo de desarrollar su enorme imaginación artística y combinarla con su heredado interés hacia la técnica.
Sin embargo, su decepción por el cuerpo docente de la Escuela de Arquitectura de Madrid, anquilosado en el academicismo, y la obtención del primer premio del concurso del Círculo de Bellas Artes de Madrid de 1918, por un estudio decorativo de zaguán, favorecerían su incursión, antes de su titulación universitaria, en el campo de la ilustración gráfica.
En este sentido son destacables sus colaboraciones para la Editorial Calleja y la prestigiosa revista La Esfera, a partir de 1919, donde brilló como uno de los innovadores del dibujo gráfico español en la década de los veinte, con ilustraciones sencillas y sutiles de inspiración Art Déco. En 1920 concluye sus estudios de arquitectura, mientras colabora con el reputado arquitecto Javier de Luque, técnico de la Junta de Ampliación de Estudios del Ministerio de Instrucción Pública y una de las máximas autoridades en materia de construcciones escolares, participando en la realización de la fachada del hoy Ministerio de Educación de la calle de Alcalá de Madrid.
Pero su autonomía profesional y definitiva opción por la arquitectura serán consecuencia de sucesivas distinciones en este terreno, en especial el primer premio en el concurso de la Diputación de Guipúzcoa para la realización del monumento al descubridor Juan Sebastián Elcano en Guetaria (1922), en colaboración con José de Azpiroz, y la 2.ª Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes (1924), por su difundido internacionalmente Palacio de España en una Exposición Internacional, a las que se sumaron inmediatamente el primer premio por la sede de Telefónica en Barcelona (1925) y el segundo tanto en el concurso de la Compañía Adriática de Seguros (1926), como en el de la Institución Rockefeller (1927), los dos últimos en Madrid y éstos más el anterior realizados con su amigo, socio y compañero de promoción Miguel de los Santos Nicolás.
En todas estas propuestas Aguirre muestra ya la que va a ser su esencia arquitectónica, monumental y expresionista, que revestirá formalmente a lo largo de su carrera y en función de las circunstancias, constituyendo junto con otros compañeros, C. Arniches, R. Bergamín, L. Blanco-Soler, M. Domínguez, C. Fernández- Shaw, F. García Mercadal, L. Gutiérrez Soto, L. Lacasa, M. Sánchez Arcas, la denominada Generación del 25, decisiva para la transformación de la arquitectura española y su aproximación a Europa.
No obstante, la gran oportunidad para el joven Agustín Aguirre se produce en 1928 al ser elegido por el arquitecto Modesto López Otero miembro del gabinete técnico que dirige para la ejecución de la recién creada Ciudad Universitaria de Madrid, donde asegurará su futuro y alcanzará celebridad, entregándole, a la par, la mayor parte de sus esfuerzos profesionales. Aquí proyectará la clasicista pero funcional Facultad de Farmacia (1928), el desornamentado Viaducto de los Quince Ojos o de Cantarranas (1929), en comunión con el ingeniero Eduardo Torroja, y especialmente la Facultad de Filosofía y Letras (1931), el edificio más logrado del conjunto fundacional universitario, admirado por la crítica y la intelectualidad desde su terminación, lo que le daría el reconocimiento sociocultural, y la representación más completa de su pensamiento arquitectónico, a pesar del racionalismo de su formalización, influido por la pujante vanguardia internacional.
La Guerra Civil truncó las expectativas de desarrollo de la producción arquitectónica de Agustín Aguirre, realizando tras la misma algunos proyectos de interés que otros proseguirían, como la Fábrica de la Moneda en la calle Doctor Esquerdo de Madrid (1940), junto a Luis de Sala, o simplemente que no se llevarían a cabo, como el Paraninfo de la Ciudad Universitaria (1942), el edificio residencial de la plaza del Doctor Marañón (1947) y, principalmente, el bloque de viviendas en la Moncloa (1940), el cual, modificado su asentamiento para el Cuartel de la Montaña, le proporcionaría la 1.ª Medalla de Arquitectura de la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1954. Solamente el Instituto de Psicología Aplicada (1941), las desaparecidas viviendas de la calle Cinca [...]
FEATURED WORKS
Selection of the main works of Agustín Aguirre López-Evandro.
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