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Itinerary
Durante siglos, el río Nervión ha desempeñado un papel central en la configuración urbana de Bilbao. Desde su vinculación con el comercio medieval hasta su consolidación como corredor industrial en los siglos XIX y XX, la ría ha condicionado tanto la forma urbana como las dinámicas sociales y económicas de esta ciudad portuaria. Sin embargo, la crisis industrial de las décadas de 1970 y 1980 dejó tras de sí un territorio fragmentado, marcado por la obsolescencia de sus infraestructuras y por una profunda degradación ambiental.
Itinerary curated by
Verónica Benedet
Argentina de nacimiento, italiana de origen y residente en Vitoria-Gasteiz desde 2007. Arquitecta por la Universidad de Buenos Aires y doctora por la Universidad del País Vasco. Se ha formado y especializado en restauración y conservación del patrimonio construido en Italia y Argentina. Actualmente es investigadora post doctoral en el Grupo de Investigación en Patrimonio Construido (GPAC) y en la Cátedra UNESCO Paisajes Culturales y Patrimonio de la UPV/EHU, vinculada a los mismos desde 2007. Desde hace varios años, viene desarrollando trabajos en relación al patrimonio construido y a la arquitectura desde una mirada feminista. Recientemente ha presentado la investigación “Arquitectas (in)VISIBLES en Euskadi. La problemática que esconde esta invisibilización” financiada por el Instituto Vasco de la Mujer, Emakunde.
Means of transport
La creación en 1992 de Bilbao Ría 2000 supuso el inicio de un proceso de renovación que reordenó los márgenes de esta arteria mediante operaciones urbanísticas, ambientales y de movilidad. Este proceso alcanzó una visibilidad global con la inauguración en 1997 del Museo Guggenheim, cuya capacidad de atracción convirtió a la ciudad en un referente internacional de regeneración urbana.
Este itinerario propone releer la zona más reconocida, a nivel nacional e internacional, de la ría de Bilbao desde las intervenciones de arquitectas que contribuyeron a configurar el nuevo paisaje urbano entre finales del siglo XX y comienzos del XXI.
A lo largo de este eje, que articula la ciudad y su entorno metropolitano, se despliega una secuencia de obras que, alejadas de gestos icónicos, destacan por su capacidad de mediación entre contexto, programa y vida cotidiana. Arquitecturas que dialogan con la memoria industrial, que reinterpretan las preexistencias y que, sobre todo, incorporan una atención específica a los usos, a los cuidados y a las formas de relación que sostienen la vida urbana. No se conciben únicamente como objetos edificados, sino como actuaciones que cualifican el paisaje desde su vínculo con el entorno y las dinámicas de uso.
Sin embargo, también desplaza el foco desde los grandes relatos de cambio hacia aquellas intervenciones que han operado de manera más silenciosa pero igualmente decisiva en la construcción de este paisaje de borde fluvial. En este sentido, la incorporación de las arquitectas al ejercicio profesional en el País Vasco —tardía en comparación con otros contextos— introduce una genealogía específica que comienza a hacerse visible a finales de la década de 1960.
Las primeras referencias aparecen con figuras pioneras como María del Carmen Mostaza Martínez, a la que seguirán en los años setenta Esperanza Adrada Berriozabalgoitia y, de manera especialmente significativa, María Belén Galdós Tobalina, cuyas tres obras más emblemáticas se despliegan en distintos puntos destacados de este lecho fluvial antes de este gran proceso de transformación urbana. En sus proyectos se reconoce una arquitectura que trabaja desde la continuidad, integrando lo existente y construyendo unidad en contextos complejos.
Desde una lectura de conjunto, estas intervenciones —el Convento y guardería de las Fundadoras Siervas de Jesús de la Caridad (1972), el Edificio residencial Puente de Deusto (1978) y la Residencia para personas mayores Fundadoras Siervas de Jesús de la Caridad (1982-86)— permiten trazar nuevas cartografías del territorio que no se limitan a los hitos arquitectónicos más reconocibles, sino que incorporan una red más amplia de actuaciones —viviendas, espacios libres, infraestructuras, recorridos y elementos de urbanización—. Asimismo, incluyen la aportación de arquitecturas de mujeres cuya autoría ha sido en ocasiones parcial o escasamente documentada y que, desde distintas escalas y ámbitos de intervención, han contribuido de manera sostenida a la configuración de este paisaje significativo.
Una de las primeras intervenciones de este proceso fue la Urbanización de la Ribera de Uribitarte y la retirada de las vías ferroviarias portuarias. Desarrollado por la arquitecta Blanca Rosa Brea Ruiz, junto a Elías Mas Serra desde el Gabinete de Arquitectura de Bilbao, el proyecto abarca aproximadamente 44.000 m² a lo largo de cerca de 3 km. Iniciado en 1997, el primer tramo —entre los puentes del Ayuntamiento y Zubizuri— se inauguró en 1998, extendiéndose al año siguiente hasta el puente de La Salve. Con ello, se consolidó una conexión peatonal continua entre el Ayuntamiento y el Museo Guggenheim, marcando un punto de inflexión en la recuperación del borde ribereño como espacio público.
En este paseo, también se desarrollan otras acciones que contribuyeron a la transformación de antiguos suelos industriales en nuevos tejidos urbanos. Entre ellas, el Edificio residencial construido en 1996, en cuya materialización intervinieron Ágata Markiegui Soloaga y María Cristina Martínez Sainz en distintas fases, introducen nuevas formas de ocupación y de relación con el frente de la ría, consolidando su carácter urbano y residencial. En 2007 se construyó el edificio anexo al Ayuntamiento, denominado San Agustín, proyectado por Gloria Iriarte Campos como parte del estudio IMB, enfatizando la dimensión institucional a este ámbito.
En continuidad con estas operaciones y en diálogo con la reconfiguración progresiva de las márgenes de la ría, en 2009 Diana Balmori Ling desarrolla la instalación paisajística temporal The Garden That Climbs the Stairs, ubicada en las escaleras situadas entre las torres Isozaki, en el marco del certamen internacional “Bilbao Jardín”. Esta intervención introduce una lectura experimental del espacio público, explorando su dimensión efímera y su capacidad para activar recorridos y percepciones en un punto estratégico de conexión entre ciudad y agua.
Este conjunto de intervenciones se inscribe en un desarrollo más amplio de transformación del Nervión, cuyo marco estratégico viene definido por el Plan Maestro de Abandoibarra (1998). Desarrollado por un equipo internacional en el que participa Diana Balmori, junto al estudio de César Pelli y el arquitecto local Eugenio Aguinaga, este instrumento —con una superficie aproximada de 300.000 m² y una ejecución prolongada hasta 2012— estableció las bases para la recuperación integral del área comprendida entre el Museo Guggenheim y el Palacio Euskalduna. Definió la estructura de parques y espacios abiertos, así como la red de calles, aceras y plazas, incorporando una atención específica a la ampliación de las zonas verdes y a criterios de diseño sostenible. Esta ordenación urbana fue distinguida en 2005 con el Premio Especial “Città d’Acqua” en la Bienal de Venecia.
En este contexto, destaca la figura de María Dolores Palacios Díaz, coautora —junto a Federico Soriano— del Palacio Euskalduna (1993–1999), cuya volumetría y materialidad evocan la memoria industrial del lugar desde una arquitectura de carácter contemporáneo, estableciendo un diálogo entre pasado productivo y la nueva centralidad cultural.
En este marco, las acciones en el ámbito público adquieren una relevancia particular al operar a escala territorial. Los proyectos desarrollados por Marta Dalmau González-Gallarza, junto a Javier López Chollet, en Abandoibarra como el Parque de la Rivera o la Alameda y el Mirador de Mazarredo configuran un sistema continuo de parques, recorridos y elementos urbanos que reconectan la ciudad con la ría, incorporando el paseo, la estancia y el uso cotidiano como parte esencial de la experiencia urbana.
En relación con este sistema, la intervención paisajística de Diana Balmori Ling en la Campa de los Ingleses refuerza la articulación entre el ensanche decimonónico y los nuevos desarrollos, estableciendo una continuidad que se prolonga hacia la Plaza Euskadi también de su autoría. En este entorno, los edificios de viviendas diseñados por Lucía Ferrater y el equipo OAB (2006), situados a ambos lados de la Torre Iberdrola, contribuyen a consolidar este nuevo paisaje contemporáneo.
En el siglo XXI, nuevas arquitecturas refuerzan esta transformación, potenciando el carácter híbrido de usos del ámbito ribereño. Intervenciones como las Viviendas en la avenida Lehendakari Leizaola, en las que participa Rocío Peña Azpilicueta, o el desarrollo del Centro Comercial Zubiarte, con la participación de Pilar Mateo Martínez (IDOM) en la gestión del proyecto, evidencian la diversidad de roles asumidos por las arquitectas en los procesos contemporáneos de producción urbana. A su vez, proyectos como el Hotel Meliá, con la participación de María Cristina Pérez-Iriondo Murgollo, cofundadora de A+PI arquitectos, junto a otros equipos internacionales como el estudio mexicano TDM de la mano de su cofundadora Cristina Téllez Kuenzler, muestran su presencia en operaciones de mayor visibilidad y escala.
Como cierre del recorrido, y en continuidad con este ámbito, se sitúa la obra del Hotel Miró (1999–2003), en la Alameda de Mazarredo, una operación de refuncionalización llevada a cabo por la arquitecta bizkaina Carmen Abad Ibáñez de Matauco, en colaboración con César Sans y Toni Miró. La rehabilitación del edificio existente introduce una lectura contemporánea desde el interior, consolidando su relación con el entorno urbano inmediato y reforzando el frente de la alameda junto con sus vistas hacia los espacios verdes y la ría.
El recorrido propuesto permite reconocer la ría de Bilbao como un espacio en transformación continua, donde las arquitecturas proyectadas por mujeres han contribuido a redefinir sus márgenes, a menudo en segundo plano dentro de los discursos arquitectónicos. Más que una sucesión de hitos, el itinerario propone una lectura integrada que atiende a la diversidad de autorías y a las formas de relación en la construcción de la ciudad, poniendo en valor una dimensión colectiva que matiza una imagen tradicionalmente asociada a autorías masculinas.



