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Itinerary
La etiqueta «estilo del relax» fue acuñada por Diego Santos para definir las propuestas arquitectónicas vinculadas al ocio que proliferaron en la Costa del Sol desde mediados del siglo XX. Estas propuestas supusieron la implantación, tardía y bastarda, de una modernidad que mezclaba despreocupadamente el estilo internacional con el organicismo, la artesanía o el art déco aerodinámico e introducía, incluso, ciertos toques postmodernos.
Visitar de nuevo estas arquitecturas permite comprender la profunda trasformación –territorial, socioeconómica e identitaria– que ha provocado el turismo en el litoral malagueño. Este itinerario pretende incorpora además una perspectiva «neomaterialista», pues asume el papel activo de los estilos y materialidades de estas arquitecturas, y «situada», ya que el análisis lo realiza alguien a quien estas edificaciones han moldeado casi desde antes de nacer.
Itinerary curated by
Antonio R. Montesinos
Artista, trabaja a partir del análisis, la modificación y el registro de los espacios que construyen nuestra experiencia cotidiana, intentando comprender como esta se desarrolla en un entorno híbrido mezcla de lo real con lo ficticio, lo urbano con lo natural y lo físico con lo digital. Centra su interés en las diferentes formas de entender la producción de estos espacios donde vivimos, así como en el enfrentamiento entre diferentes modelos de emergencia político-social y las estructuras de control jerárquico. Sus propuestas pretenden analizar la tensión entre las estructuras de ordenación y reglamentación del espacio frente a la capacidad de acción real que tenemos sobre nuestro entorno, por medio de acciones cotidianas como la comunicación o los desplazamientos. Su trabajo utiliza distintos medios como el dibujo, la fotografía, los objetos encontrados, la instalación o los medios digitales.
Means of transport
Comenzamos en La Araña, cementera fundada por José Rivas Massegur y Juan Girbau en 1915. La fábrica pasó de producir 20.000 toneladas anuales en 1921 a 400.000 en 1967, debido al auge inmobiliario. Las 1.500.000 toneladas producidas en 2024 demuestran la importancia del cemento en la metamorfosis de la Costa del Sol.
Vamos directamente a Torremolinos –volveremos después a Málaga– para visitar el Hotel Pez Espada, construido por Manuel Muñoz Monasterio y Juan Jáuregui Briales en 1959. Su diseño revisa el estilo internacional, incorporando elementos curvos como la escalera semicilíndrica o las decoraciones «ameboides» del vestíbulo. Su inauguración coincide con la aprobación del Plan de Estabilización del 1959, que incluía el Proyecto de ordenación de la Costa del Sol. Este plan pretendía transformar el litoral en un destino turístico internacional; primero construyendo hoteles de lujo y después levantando apartahoteles como Torres de Playamar y La Nogalera –ambos de Antonio Lamela– para largas estancias.
Torres de Playamar comenzó su construcción en 1963 y lo componen veintiuna torres de quince plantas. Lamela, siguiendo a Le Corbusier, concentró los elementos verticales, liberando así el suelo para zonas verdes y deportivas.
La Nogalera se construyó entre 1963 y 1966. En los bajos se situaba un área comercial y sobre esta, una plataforma que permitía el acceso a los jardines, las piscinas y los seis edificios que constituían el conjunto.
Estos hoteles y apartahoteles introdujeron una estética racionalista basada en las materialidades del hormigón, el acero y el vidrio. Estéticas y materialidades que fueron un agente más en los cambios de la época: crecimiento poblacional, terciarización económica o apertura del régimen al capitalismo. La Nogalera ejemplifica el papel activo de la arquitectura en la reproducción social: sus apartamentos alojaron estilos de vida ajenos a la moral del régimen y el abandono posterior de los bajos facilitó su ocupación en los 90 por colectivos sexodisidentes, consolidando Torremolinos como referente LGTBIQ+.
Cerca del Pez Espada, aparece «anclado» el Bazar Aladino, un edificio proyectado por Rodolfo Prados Ortiz y firmado por Fernando Morilla Cabello. La primera planta albergaba una galería comercial, la segunda –la cubierta– un restaurante con terraza y la tercera –el puente de mando– los baños. Construido entre 1953 y 1957, su estética se debe a la presencia en el puerto de Málaga de un portaviones que se vendía por piezas. El Bazar Aladino es un ejercicio pop, casi postmoderno. Sus exageradas formas lo convertían en un anuncio de sí mismo, bien visible desde la antigua N-340.
Continuamos en Fuengirola, donde estuvo el Mare Nostrum, un hotel compuesto por tres torres de cinco alturas conectadas por un cuerpo de tres y rodeado de jardines, piscinas y pistas deportivas. Sus torres troncocónicas y ventanas circulares evocaban un trasatlántico, mientras que sus paredes rugosas y tejas árabes recordaban un cortijo andaluz. Hasta que fue demolido en el 2000 por aluminosis, solíamos utilizar sus pistas de tenis abandonadas –supongo que estas experiencias despertaron mi interés por la conservación de estas arquitecturas–.
Antes de llegar a Marbella, encontramos la Ciudad Residencial Tiempo Libre, de Manuel Aymerich Amadiós y Ángel Cadarso del Pueyo. Inaugurada en 1962, es la mejor conservada de las tres Ciudades Sindicales Vacacionales que construyó la Obra Sindical de Educación y Descanso. El complejo fue concebido como una ciudad-jardín que integraba modernidad, formas orgánicas y detalles mediterráneos. Reunía 199 viviendas –entre bungalós, adosados y apartamentos–, además de edificios funcionales y zonas deportivas. Destaca especialmente su iglesia, compuesta por una lámina de hormigón enrollada y un techo flotante sobre pilares de hormigón.
La Ciudad Sindical ha sido recalificada para usos hoteleros en 2025. La futura privatización amenaza su valor patrimonial y extingue un modelo vacacional público que, pese a su carácter adoctrinador, permite imaginar alternativas a las industrias turísticas actuales.
Llegamos a Nueva Andalucía, en Marbella. Distrito donde José Banús –promotor muy cercano al caudillo– desarrolló uno de los Centros de Interés Turístico Nacional y el emblemático Puerto Banús. El proyecto inicial para el puerto, de Antonio Lamela, contemplaba levantar seis torres, pero finalmente Noldi Schreck y Marcos Sáinz diseñaron un «pueblo andaluz» con una marina similar a las de la Costa Azul. Fue inaugurado en 1970.
Puerto Banús es el paradigma de un estilo «neovernacular» que mezclaba referencias de los pueblos blancos del interior –cal, rejas y tejas de barro– con elementos ligados al ocio –terrazas ibicencas– y al exotismo –detalles islámicos–. Juan Antonio Ramírez situó el origen de este estilo en las casas «andaluzas» de Arthur y Nina Zwebell y en los decorados Spanish del Hollywood de los 20 y 30. Este «simulacro de lo andaluz» estaba producido exclusivamente para el turista extranjero, que lo identificaban como arquitectura vernácula gracias al cine.
Volvemos a Málaga para visitar el Palmeral de las Sorpresas, de Ana Junquera González-Bueno, Jerónimo Junquera García del Diestro, Bet Figueras y Liliana Obal Dí y La Equitativa, de Manuel Cabanyes Mata y Juan Jáuregui Briales.
El Palmeral reconectó la ciudad al mar, pero también intensificó el turismo de cruceros. Lo componen el palmeral, tres edificios acristalados y una pérgola de once metros de altura que protege del sol a los peatones mientras los conduce hacia el Centro Pompidou. La Equitativa se terminó en 1961, justo donde estuvo la casa-palacio de los Larios, una de las más insignes familias de la Málaga industrial. Este emblemático edificio introdujo la construcción en altura en Málaga, combinado racionalismo con elementos exóticos, como el minarete neomudejar de su torre.
La inauguración en 2011 del Palmeral, junto a la reforma de La Equitativa para usos hoteleros en 2021 ilustran perfectamente cómo la turistificación alcanzó la capital en los 2000, sustituyendo el modelo de «sol y playa» por otro basado en museos, cruceros y pisos turísticos.
Terminamos así un itinerario que pretende demostrar cómo la lectura crítica de las «arquitecturas del relax» permiten comprender el proceso de colonización turística de la costa malagueña e incluso, imaginar posibles alternativas.
Este itinerario parte en una investigación que comenzó como un remake de dos recorridos por la N-340 a su paso por Málaga: el de Diego Santos, Juan Antonio Ramírez y Carlos Canal, que dio lugar a los libros Estilo del Relax (1987) y El relax expandido (2010) y el que realizó el pintor Guillermo Pérez Villalta en el cortometraje Málaga es letal (1982). Ambos periplos se inspiraban en el viaje de Denise Scott Brown, Robert Venturi, Steven Izenour por el strip de Las Vegas en 1968, origen de Aprendiendo de las Vegas (1972).



