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Itinerary
En 2023, el proyecto brasileño “Terra”, comisariado por Gabriela de Matos y Paulo Tavares, obtuvo el León de Oro en la Bienal de Venecia. Su propuesta situaba en el centro del evento más relevante de la cultura arquitectónica algo aparentemente simple pero profundamente transformador: volver a pensar la tierra en un sentido amplio. Los comisarios invitaban a concebirla “como suelo, abono y territorio, pero también en su dimensión global y cósmica, como planeta y casa común de toda la vida, humana y no humana. Tierra como memoria y también como futuro, mirando al pasado y a la herencia para ampliar el campo de la arquitectura frente a las más acuciantes cuestiones urbanas, territoriales y medioambientales contemporáneas”.
Itinerary curated by
Antonio Giráldez, Diego Morera, Pablo Ibañez
Comisariado web, La Casa de la Arquitectura
Means of transport
La tierra, posiblemente el material más abundante y universal del planeta, ha sido históricamente relegada por las miradas higienistas y tecnicistas del Movimiento Moderno, que asociaron su uso a la precariedad o el atraso. Sin embargo, en las últimas décadas este recurso milenario está siendo revalorizado por la disciplina desde nuevos paradigmas. En este sentido, este itinerario nos invita a pensar en la tierra como un material singular, uno que condensa memoria, técnica y territorio. El renovado interés por su uso no solo recupera saberes tradicionales, sino que también abre la posibilidad de una estética y una ética emergente, capaz de redefinir nuestra relación con la arquitectura y con las tierras que habitamos.
Ya sea en su expresión más elemental, como suelo no pavimentado o como materia prima para la construcción de muros, o mediante nuevas experimentaciones que dialogan con tecnologías contemporáneas, recorreremos una serie de obras recientes que evidencian múltiples versiones de la incorporación de la tierra en los proyectos y sus cualidades. En muchos casos, la tierra procede del propio lugar donde se ejecuta el proyecto, lo que reduce significativamente su impacto ambiental. A su vez, por ejemplo, la tierra compactada se presenta como un recurso ecológico de baja huella de carbono, al tiempo que, utilizado como cerramiento, sus características térmicas son igualmente destacables, ya que puede almacenar calor durante el día y liberarlo por la noche, favoreciendo una temperatura interior estable.Empezaremos por el suelo, atravesando una serie de espacios públicos que resisten a la tentación de pavimentarlo todo y apuestan por mantener la tierra visible como parte esencial de su carácter simbólico y su funcionamiento ecológico.
El Helioparque de Estudio veintidós, en Villalba del Alcor, Huelva, transforma un espacio abandonado en un parque público e isla ambiental situada en el límite urbano-rural. El proyecto recupera la memoria agrícola del lugar con unos caminos que se diseñan como “surcos imaginarios” trazados sobre la tierra, evocando el arado tradicional. Materialmente, la intervención prioriza la tierra y los materiales locales. Sus caminos emplean terrizo mejorado con cal, encintados de ladrillo de tejar, que se entrelazan con bancos de hormigón hecho a partir de tierra y áridos de la intervención. Así, el Helioparque no solo revaloriza la tierra como suelo, sino que propone una materialidad que restablece la continuidad entre la trama urbana y el contexto agrícola, promoviendo un paisaje híbrido que rehúye una frontera abrupta entre ciudad y campo.
En el mismo sentido actúan dos intervenciones situadas en Pontevedra, Galicia. Por un lado, la actuación en la Praza da Feira en A Estrada, de RVR Arquitectos, propone recuperar un espacio público cargado de historia transformándolo en un “gran salón urbano” versátil, apto para mercado semanal, conciertos, ferias temáticas, juegos o simplemente para una lectura bajo los árboles. Para ello, el diseño opta por soluciones materiales sencillas y permeables: el pavimento principal se realiza con un suelo de tierra compactada que toma el protagonismo del espacio, y es complementado con suelos de hormigón lavado, equipamientos de granito y bancos de madera.
Por otro lado, A Picota, de María Fandiño Iglesias, recupera un espacio público degradado del casco histórico de Redondela, caracterizado por una topografía abrupta dominada por el asfalto. Para devolver condiciones de accesibilidad, permeabilidad y confort, la intervención redefine la microtopografía, gestiona las aguas pluviales mediante sistemas de drenaje e infiltración, y crea una nueva espacialidad concebida como un “patio de manzana” público y vegetado. Como materia de pavimentación y suelo activo, el proyecto opta por terrizo estabilizado, una tierra compactada semi-permeable, en lugar del habitual asfalto. Este suelo permite intercambio gaseoso en las raíces de la vegetación plantada, reduce emisiones, mejora la infiltración y contribuye al confort climático.
En ambos proyectos la tierra como suelo no sólo recupera su función ecológica sino que también contribuye a restaurar la memoria colectiva del lugar y a generar espacios urbanos más cercanos a los ciudadanos.
De mayor escala, el Parque de Les Mamàs Belgues, proyectado por Síntesi Arquitectes junto con Sari Calatayud y Rafa Mira, transforma una zona vulnerada por inundaciones en un espacio público resiliente a orillas del río Clariano, en Ontinyent, Valencia. La intervención apuesta por materiales y sistemas compatibles con dinámicas fluviales: entre ellos, pavimentos de tierra morterenca junto con adoquines y hormigón, que subrayan un uso consciente del terreno como soporte ecológico y permeable. El diseño distingue zonas inundables con bosque de ribera, pradera natural y senderos de tierra de una plataforma elevada menos expuesta que funciona como parque urbano, conectando con la trama de la ciudad mediante gradas vegetalizadas, taludes y muros reutilizados de mampostería.
Continuando este itinerario terroso, nos adentraremos en proyectos que utilizan la tierra de diversas maneras para la conformación de muros. Ya sea como tapiales, una técnica ancestral que consiste en rellenar un encofrado con capas de tierra húmeda y compactarla a golpes con un pisón, u otros modos de uso más experimentales.
Inaugurada en 2010 y fruto de un concurso público, la Piscina Municipal de Toro en Castilla y León, diseñada por Vier Arquitectos, se distingue por emplear como protagonista la tierra apisonada o tapial en sus muros de cerramiento. Lo hace a través de una envolvente de 60 cm de espesor que conforma la piel del edificio, definiendo tanto su apariencia exterior como la atmósfera interior.
Esta opción constructiva, además de ser económica, sostenible y eficiente, permite una arquitectura austera y poética, que dialoga con la tradición local sin renunciar a un lenguaje contemporáneo, integrándose con carisma en el patrimonio urbano de la ciudad.
Por su parte, el proyecto Alfacs, de Bajet Giramé + JAAS, en Acanar, Tarragona, redefine un camping costero mediante una transformación gradual. La intervención parte construyendo terrazas escalonadas realizadas mediante tierra compactada, piedra sènia local y hormigones erosionados, generando una topografía artificial que sirve de base para los alojamientos ligeros temporales. A ello se suman muros de carga que se erigen mediante bloques prefabricados de tierra compactada, en un formato horizontal y aparejo que, en el detalle, explica su lógica tectónica.
Es relevante destacar que este proyecto ha sido construido con Fetdeterra, una empresa innovadora a nivel nacional en la fabricación de productos de tierra, con técnicos especialistas en ecoinnovación, diseño de producto y desarrollo tecnológico. Es junto a ellos que también se realizó la construcción de las piezas que dieron forma a la exposición “Arquitectura es cooperación”, comisariada por Josep Ferrando en la Casa de la Arquitectura, dando cuenta de las posibilidades de la utilización de la tierra como material, también, en ámbitos expositivos.
Dos proyectos recientes de vivienda social en Illes Balears nos muestran maneras distintas de incorporar la tierra como material en proyectos residenciales.
El proyecto Raw Rooms de 43 viviendas de protección oficial en Ibiza, de Peris+Toral Arquitectes, utiliza muros portantes de bloques de tierra compactada (BTC) de 20 cm de espesor como base constructiva. Este sistema aporta gran inercia térmica, masa suficiente para aislamiento acústico entre viviendas con una sola hoja, regula la humedad interior gracias a las arcillas y reduce considerablemente la huella de carbono. Esto, junto a otras estrategias bioclimáticas colaboran para que el proyecto no dependa de sistemas activos de climatización, lo que contribuye a combatir la pobreza energética.
Mientras que el proyecto de 11 viviendas sociales en Palma, realizado por Carles Enrich Studio, emplea materiales locales y de bajo impacto. Así, los muros de carga utilizan bloques cerámicos locales (H20) colocados con las perforaciones en vertical, lo que permite rellenarlos de la tierra resultante de la excavación para mejorar la inercia y el aislamiento acústico.
Finalmente, el 3D-Printed Earth Forest Campus, desarrollado por IAAC junto al programa 3dPA en el entorno del Parque Natural de Collserola, cerca de Barcelona, propone una arquitectura experimental basada en tierra local y materiales naturales. Este prototipo de unos 100 m² consta de una serie de espacios cerrados, cubiertos y abiertos, construidos con tierra impresa en 3D. El material es extraído a pocos metros del sitio, y luego se seca, tamiza y mezcla con agua, fibras orgánicas y enzimas naturales, recuperando técnicas vernáculas con tecnología avanzada, funcionando como un laboratorio vivo para probar nuevas soluciones constructivas y arquitectónicas.
Así, podemos ver cómo la tierra nos habla de muchas cosas: de memoria y de técnica, de modos de habitar arraigados y de futuros posibles. En su aparente simplicidad reúne cualidades ambientales, constructivas y simbólicas que hoy vuelven a cobrar sentido frente a los retos climáticos y sociales presentes. Recuperar la tierra, como suelo, como material y como paisaje, no implica un gesto nostálgico, sino la apertura a una arquitectura más atenta al lugar, más responsable con los recursos y capaz de imaginar formas de vida más justas.



