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Bio
Tras su nacimiento en Madrid, la estancia de Blanco-Soler en Cuba siendo un niño, la relación de su familia con la de otros artistas y su vinculación con la arquitectura e ingeniería a través de su abuelo y bisabuelo, conformaron su personalidad y admiración por el arte. Inmerso en este ambiente liberal, sus inquietudes renovadoras afloraron desde sus primeros años de carrera en la Escuela de Arquitectura de Madrid, en cuyo centro permaneció desde 1912 hasta 1918. Estas inquietudes le llevaron a ampliar sus estudios en el extranjero de 1926 a 1927, después de haber permanecido en el estudio de dos importantes arquitectos: Antonio Palacios Ramilo, a cuyo lado entra en contacto con una arquitectura a gran escala y aprende, entre otras muchas cosas, el trato con propietarios y constructores, y posteriormente en el de Ricardo García Guereta, arquitecto con cargos en varios ministerios y en la curia eclesiástica. Bajo su dirección, y con plena facultad, tuvo la oportunidad de llevar a cabo algunas obras oficiales, como la reforma del Colegio de Huérfanos de la Unión (Carabanchel), con la construcción de una nueva iglesia; la adaptación del antiguo palacio del marqués de Salamanca para instalar en él el primer centro de rehabilitación profesional, así como obras religiosas destacadas, entre ellas la restauración del claustro del convento de las Dueñas en Salamanca.
Hasta entonces había obtenido un premio de doscientas pesetas en el certamen de Dibujos de conjuntos y elementos arquitectónicos, celebrado por el Círculo de Bellas Artes de Madrid a través de su sección de arquitectura (1916) y se había presentado, junto con Rafael Bergamín, al concurso de anteproyectos organizado por el Ayuntamiento de Barcelona para el edificio destinado a albergar el Teatro de la Ciudad (1920), proyecto que, aunque no obtuvo galardón en esta ocasión, obtuvo la tercera medalla en la Exposición de Bellas Artes de 1922, mismo año en el que Blanco-Soler comienza el mausoleo para la familia Alonso en el cementerio de la Almudena de Madrid.
Su primera obra importante llegaba en 1923 a través del director de la Compañía Arrendataria de Tabacos, Francisco Bastos Ansard, quien le encargó en Madrid la reforma del edificio de la plaza del Rey esquina a la calle Barquillo número 1 duplicado, hoy número 5. Acabada la obra ambos realizaron un viaje por toda Italia, donde Blanco-Soler tuvo la oportunidad de desentrañar la sabiduría y la razón del arte clásico, que le dejaría en el futuro ese cierto sentido de reposo y claridad cartesiana al proyectar.
Antes de marcharse al extranjero estará ocupado en la Sociedad Central de Arquitectos; por un lado, formando parte de su junta directiva y, por otro, en el comité de redacción de la revista Arquitectura, donde introduce el expresionismo a través de dos artículos: "Eric Mendelshon" y "La arquitectura en el moderno teatro y en el film". En 1925 se presenta al concurso para el Palacio Central de la exposición de Barcelona junto con Bergamín, García Guereta y el escultor Victorio Macho y al certamen organizado por la Compañía Arrendataria de Tabacos para la construcción en Madrid de una finca que debía ocupar la superficie de las casas número 4 y número 6 de la calle Sevilla y la número 1 de la calle Arlabán, en esta ocasión sólo con Bergamín. Asimismo, su interés por difundir las artes plásticas de vanguardia le llevan a fundar la Sociedad de Artistas Ibéricos con Ángel Ferrant, Manuel Abril, Guillermo de la Torre, Ricardo Gullón y Timoteo Pérez Rubio, a fin de promocionar a artistas contemporáneos a través de la organización de exposiciones y la publicación de artículos en la revista Arte, en los que se descubrieron nuevos valores que acabaron siendo maestros consagrados (Gutiérrez Solana, Dalí, Miró, Picasso, etc.). Muy desconocida por estas fechas es su faceta como investigador en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y en el Archivo Histórico, instituciones en las que descubre, entre otros documentos sin catalogar, el proyecto de Ventura Rodríguez para el Paseo del Prado (1783) y el primer proyecto de Juan de Villanueva para El gabinete de historia natural, hoy Museo del Prado (1785).
Su ampliación de estudios en Francia y posteriormente en Inglaterra durante 1926-1927 supuso un propósito diferente al viaje a Italia, porque se iniciaba en esos países el urbanismo y la construcción en serie. En París entró a trabajar en el estudio de Henri Sauvage, donde aprendió el rigor con que se planteaban en Francia los edificios importantes, la programación de los plazos, los medios mecánicos y las fórmulas de financiación. En esos momentos entra en contacto con Perret, el arquitecto más importante del país y el que realizaba por entonces una arquitectura en el nuevo material: el hormigón armado, pero también conoce al escultor animalista Mateo Hernández, su mejor amigo y mediador en la ciudad. Por el contrario, en el Reino Unido se dedicó a estudiar los problemas de la organización y la [...]
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Luis Blanco-Soler Pérez



