Piscinas de Illano

El concejo de Illano se sitúa en el suroccidente asturiano y es uno de los ayuntamientos que forma parte del Parque Histórico del Navia, río que lo atraviesa y divide en dos. Es un concejo escasamente poblado dedicado fundamentalmente a la explotación agraria, forestal y ganadera. Unos años antes de la construcción de las piscinas, terminadas en 2002, se construyó en las proximidades del área recreativa de Folgueirou, lugar donde están ubicadas las piscinas, el mayor parque eólico de Asturias, en la Sierra de la Bobia – San Isidro, lo que hace pensar en la intensidad del viento en algunos puntos del territorio.

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En el año 1999 el Ayuntamiento de Illano decidió construir unas piscinas en Folgueirou, a unos 2 Km del pueblo de Illano, capital del concejo del mismo nombre. La principal premisa que se debía cumplir era que la piedra del lugar debería ser el material utilizado en la mayor parte del conjunto, lo que permitiría la creación de un Plan de Empleo durante dos años con un módulo de cantería.

José Ramón Puerto Álvarez
José Ramón Puerto Álvarez

La piedra local es una variedad de cuarcita con gran cantidad de óxido en su composición que le da un característico color marrón a los pocos años de ser colocada, encontrándose entre las variedades singulares aquellas que llevan incrustadas las quiastolitas o “cruces de San Pedro”, asociadas a la buena suerte por la gente del lugar.

José Ramón Puerto Álvarez

Conocido lo anterior se procedió a realizar una visita al lugar donde se pensaban construir las piscinas, verificando de inmediato que la decisión de colocar un parque eólico en el concejo era adecuada, ya que la intensidad del viento en aquel momento era tal que cualquiera de los allí presentes podía perder la verticalidad sin temor a caerse; el proteger la piscina contra el viento se convirtió en objeto de proyecto.

Una referencia muy válida fue reflexionar sobre la forma en que los agricultores canarios cuidan a sus vides, construyendo un círculo de piedra no totalmente cerrado que evita la zona de mayor influencia del aire. Extrapolándolo al caso de Folgueirou, la zona donde menos azotaba el viento coincidía con el sureste, lo cual favorecía para no crear zonas de sombra que taparan la piscina durante un periodo largo del día, por lo que se pensó que podría ser valida esta solución.

José Ramón Puerto Álvarez
Puerto & Sánchez

El hecho de que la pieza grande del conjunto pudiera ser un cilindro llevó a tantear si el resto de elementos necesarios en el programa de uso podrían serlo también. Sin caer en la referencia directa de los castros –en toda la cuenca del Navia existen abundantes restos de este tipo de asentamiento (Coaña cerca de Navia, San Chuís en Grandas de Salime, el Castelón en Illano o Pendía en Boal, entre otros)– se consideró oportuna la referencia a esas construcciones circulares que se agrupan de manera individual formando conjuntos. Sin caer en mímesis, se usó para ello un lenguaje compositivo que fuese, más que moderno, atemporal, y, para ello, se desarrollaron las distintas dependencias incidiendo en una cierta abstracción de la composición, huyendo de localismos y tipismos en la resolución de las cubiertas (la cubierta plana está prohibida por ley en el medio rural asturiano..., sic), y se propuso un cono invertido abierto a un patio en la pieza de mayor tamaño (vestuarios), junto a cubiertas a dos aguas resueltas de forma interna al cilindro donde se alojan (las cuales vierten a un canalón formado por un perfil UPN en el resto (control + botiquín y bar).

Puerto & Sánchez

Con un espíritu similar se proyectaron los huecos, que se pueden leer como cortes casi quirúrgicos realizados sobre la piel de piedra que compone los cerramientos de los cilindros, realizándose los de mayor tamaño con una proporción vertical y otros, más pequeños, de proporción cuadrada. Se buscaba la lectura del hueco de piedra, dejando en un segundo plano la carpintería, que se enrasó al interior.

José Ramón Puerto Álvarez

Otro de los problemas que tenía el emplazamiento era su indefinición: en una pequeña vaguada, limitado en uno de sus laterales por un campo de fútbol de escaso uso, una defensa vegetal contra el viento en otro lado y un camino de servicio que encorsetaba el solar dándole en uno de sus puntos un ángulo muy agudo: había que construir un lugar que cualificara lo que le rodeaba.

Al igual que en la Plaza de los Milagros de Pisa, las piezas se materializan como volúmenes independientes, relacionándose entre sí a través de elementos axiales, ayudando a cerrar la intervención un muro perimetral que se ciñe a la forma externa del solar como un guante a su mano. Unos perfiles estructurales huecos de sección circular, con una separación tal que impidan el acceso, completan el perímetro de la intervención, evitando accesos no deseados.

Señalar que la accesibilidad es total a cualquier nivel del conjunto de las piscinas gracias al uso de rampas que permiten la transición entres las distintas plataformas. Así, desde el acceso, flanqueado por los vestuarios, la zona de control y el botiquín, se puede tomar la primera rampa, la cual es acompañada por una escalera de gran desarrollo formada por grupos de tres escalones. Las escaleras trazadas de forma radial al centro de la piscina quedan reflejadas en el muro exterior de cerramiento con unos huecos verticales que acompañan el desarrollo de la misma. Tras realizar el ascenso por cualquiera de estos medios se llega a la zona de solárium, donde se encuentra la piscina de chapoteo para uso infantil, realizándose en el ángulo agudo del solar un mirador sobre el valle que baña el embalse de Doiras. El pavimento de esta zona se resuelve con césped natural que ayuda al uso de la misma.

Separada de la anterior por una zona de pediluvios se encuentra la piscina de adultos, la cual se rodea por un “muro habitable” en las zonas donde más golpea el viento, quedando hacia la zona de playa tres machones de piedra –la posibilidad de una posterior cubrición llevó a pensar en la necesidad de su realización como elementos de apoyo de la estructura de cubierta–, que cierran virtualmente el cilindro. La separación entre las distintas piezas que componen ese “muro grueso” es de 60 cm, lo que permite el acceso a las distintas dependencias que rodean el vaso y, a la vez, oculta las puertas, situadas en el lado corto de cada uno de los cuarterones que lo conforman, evitando así una imagen más doméstica si estuviesen a la vista desde la piscina.

En el vaso se ha buscado huir de la imagen de “piscina olímpica” o de urbanización, no marcando ningún tipo de calles, escogiendo un gresite en tonos pardo-rosáceos que dialoga más con la piedra que lo podría hacer el manido azul, lo que permite perder un poco la imagen estereotipada de piscina y aproximarse más a la de alberca o estanque. El haber enrasado el nivel del agua con el paseo perimetral, junto con el cierre de piedra de tres metros de altura, más las vistas de las montañas cercanas le dan una gran intensidad a este espacio; la dialéctica abierto –vistas + continuidad con la zona de playa– y cerrado –muros– juega aquí a favor de la riqueza espacial. El tamaño del vaso –18 m de diámetro– hizo pensar en otros usos alternativos con la piscina vacía, como pueden ser pequeñas representaciones teatrales o conciertos de cámara, para lo cual se ha dispuesto en uno de sus lados una escalinata de mayor desarrollo que permite el acceso al vaso cuando éste haga las veces de sala de butacas o improvisada sala de fiestas. Así, antes de la apertura estival y coincidiendo con el vaciado del vaso para su limpieza anual, se han ofrecido pequeños conciertos de cámara o la actuación de la banda de gaitas “La reina del truébano” de Navia, que eran casi celebraciones del solsticio de verano.

Mencionar que el hecho de que la piscina esté más alta que el nivel de ingreso permite situar una planta de instalaciones bajo la zona de paseo que facilita la reparación de cualquier posible fuga en el vaso –que se ha gunitado– o avería en las instalaciones –todas exteriores, salvo el desagüe general–, lo que es más propio de piscinas climatizadas cubiertas o situadas en entornos urbanos.

El tratamiento de la luz de los vestuarios vuelve a jugar con otra dualidad: un cilindro prácticamente opaco al exterior (salvo unos pequeños huecos de ventilación que dialogan con la escala del edificio) recibe toda la luz del interior, de un patio circular formado por pavés traslúcido liso, y en el que, separado por una zona de circulación, se disponen radialmente las distintas piezas exigidas.

La piedra colocada se trabajó inicialmente para ser una mampostería ordinaria, formando piezas de distintos tamaños que no llegaban a ser sillares, aunque muchas de ellas tuvieran el tamaño para ser llamadas así. Interiormente, en cada uno de los cilindros, se realizaron primero los tabiques de ladrillo, que tras haberse impermeabilizado sirvieron de guía a los canteros para la colocación de la piedra. Es de reseñar que, si bien en un primer momento el aprendizaje hizo excesivamente irregular algún paño, al final del taller el problema era justo el contrario: algunos de los obreros dominaban tan bien su oficio que su propio pundonor profesional les impedía dar una mayor celeridad a la obra –los tres machones de la piscina y el existente entre las dos puertas de los vestuarios se han realizado con gran precisión lo que unido a la riqueza cromática de la piedra les da una gran fuerza plástica–.

Se han producido dos circunstancias poco habituales en el proceso de obra hoy en día:

-el material se extraía a menos de un km del lugar donde se realizaban las piscinas. El motivo de hacerlo así se debe buscar más en la propia necesidad de acometer la obra con unos recursos muy limitados que por otros motivos, aunque, con la perspectiva que da el tiempo, hoy se hablaría que cumpliría a la perfección todos los conceptos presentes de sostenibilidad, pues el transporte se redujo a algo testimonial y se apostó por un material local, de Km cero, como instrumento para la construcción de las piscinas. El hecho de extraer, preparar y colocar la piedra a pocos metros de su lugar de origen no deja de ser una vuelta al pasado y, a la vez, a un mejor futuro.

-el hecho de haberse realizado con un plan de empleo y que el material usado fuera de propiedad municipal, permitió acometer una obra que sería impensable realizar por contrata para un ayuntamiento de tan corto presupuesto, pues el coste de la piedra supondría un desembolso muy superior al finalmente realizado.

Las piscinas se acometieron en dos fases, realizándose la primera con financiación de un programa de ayuda europea PRODER, en donde se construyeron la piscina grande y los vestuarios, dejándose para una segunda el resto de elementos que completaban el conjunto. El presupuesto total supuso una inversión de unos 60.000.000 ptas., unos 180.000 € actuales, que permitió colocar unos 300 m3 de piedra. Las obras se iniciaron en noviembre de 2000 para ser concluidas en agosto de 2002.

En noviembre de 2002 el conjunto de las piscinas de Illano fueron reconocidas con un 2º premio Menhir, el cual concedía la revista del mismo nombre. Dicho galardón estaba destinado a premiar el trabajo de “jóvenes arquitectos” (menores de 45 años) de la Unión Europea que hubieran usado en sus propuestas de manera apropiada la piedra natural. En esa edición, el Jurado debió fallar los Premios entre 45 proyectos presentados, procedentes de España, Holanda, Italia, Portugal, Bélgica y Finlandia.

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