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La exposición Bienestar en la Ciudad, en la Casa de la Arquitectura, comisariada por Izaskun Chinchilla, se plantea como un dispositivo crítico que reconsidera las bases sobre las que se ha construido históricamente el bienestar urbano. Frente a su definición como conjunto de indicadores (esperanza de vida, afección de obesidad o diabetes) o provisión de servicios, la muestra lo aborda como una condición relacional, dependiente de la calidad de las interacciones entre cuerpos, comunidades y entornos. En su núcleo conceptual se sitúa el término quechua Sumak Kawsay —Buen Vivir—, que integra dimensiones materiales, biológicas, sociales y ecológicas en un mismo plano.
La exposición establece un diálogo con otras genealogías culturales —como el ikigai, el dharma o el Gaki Pelzom— para cuestionar los modelos occidentales centrados en el crecimiento y la cuantificación. La existencia de estas sabidurías ancestrales nos ha hecho mirar a Asia y America Latina, además de Europa, para elegir los estudios de caso de la muestra. Desde esta perspectiva, el bienestar se entiende como sostenibilidad de las relaciones que hacen posible la vida cotidiana. Este desplazamiento permite reinterpretar la ciudad no como un sistema funcional, sino como una infraestructura de soporte de los ciclos vitales.
Frente a la obsesión de muchas muestras y publicaciones sobre urbanidad por anticipar la “ciudad del futuro”, esta exposición propone atender a la repetición de decisiones vitales —respirar, desplazarse, alimentarse, descansar— que configuran la experiencia urbana. La ciudad se presenta como el resultado acumulativo de estas prácticas, desplazando el foco desde las decisiones técnicas hacia la comprensión profunda de las condiciones espaciales que permiten realizar esas acciones con mayor satisfacción.
El recorrido se organiza en torno a ocho acciones —nacer, criar, comer, curar, dormir, jugar, cortejar y caminar— que funcionan como categorías operativas para analizar la ciudad desde el cuerpo. La visita se plantea como una experiencia física de aproximadamente dos mil pasos en zigzag, donde el desplazamiento activa una toma de conciencia sobre el caminar urbano y sus efectos. A cada una de las acciones se les asigna un espacio expositivo lineal donde el visitante camina para encontrar diferentes soportes. El primero de ellos se denomina “Tres capas”, y propone una lectura analítica de las prácticas cotidianas a partir de tres dimensiones: el cuerpo, el espacio social y el ambiente urbano y territorial. Esta estructura permite comprender cómo las necesidades biológicas, las relaciones sociales y las condiciones espaciales se articulan de manera inseparable en la producción del bienestar. La exposición pone de manifiesto que factores como el sueño, la alimentación o la actividad física dependen de condiciones colectivas -distancias, gratuidad, apartura- que deben ser garantizadas mediante el diseño urbano.
El soporte expositivo “Arqueología del bienestar” introduce una reflexión histórica a partir de la observación de ocho pinturas anteriores a la hegemonía del vehículo privado, desarrollada en colaboración con el Museo Thyssen-Bornemisza y Educa Thyssen. Estas obras permiten reconstruir formas de vida cotidiana en las que el espacio público funcionaba como una infraestructura activa para el bianestar y la interacción social. La exposición utiliza este material como un archivo operativo que cuestiona la narrativa lineal del progreso, evidenciando que ciertas dimensiones del bienestar han sido erosionadas por procesos de modernización, y proponiendo una recuperación activa de condiciones espaciales que favorezcan la vida colectiva.
El soporte expositivo “La época dorada de las ciudades” redefine la noción de prosperidad urbana al desplazar el foco hacia la calidad de vida de los cuerpos ciudadanos. A través de ejemplos históricos, se muestra que los periodos de mayor bienestar coinciden con momentos en los que las instituciones han sido capaces de mejorar las condiciones de vida cotidiana, introduciendo la noción de capital bienestar como una acumulación de recursos inscritos en los cuerpos y en las relaciones sociales.
El núcleo central de la exposición se materializa en el soporte expositivo “Acciones del bienestar”, que reúne noventa y cinco proyectos desarrollados en tres continentes. Este conjunto se presenta como una base empírica que permite identificar estrategias replicables para la construcción de entornos urbanos orientados al bienestar. La selección de estos proyectos ha sido realizada por un comité científico compuesto por Marta Poch, Caterina Capdevila, Marisa Yiu, Elke Krasny, Alejandra Celedón Forster, Ana Robles Pérez y Marina Otero Verzier, junto con la comisaria de la exposición Izaskun Chinchilla, a partir del análisis comparativo de ciento ochenta y tres propuestas. Los proyectos seleccionados ofrecen estrategias materiales que permiten transformar entornos urbanos hostiles en espacios de cuidado, evidenciando la capacidad del diseño para operar en contextos diversos.
El recorrido se completa con “Diseñando los barrios del buen vivir”, que propone estrategias operativas a distintas escalas —desde intervenciones ligeras hasta transformaciones sistémicas—, y con una visión transversal que incorpora la biodiversidad y la restauración ecológica como componentes esenciales del bienestar urbano.
En conjunto, la exposición evidencia como ciudad y salud convergen hacia lo que se ha denominado medicina del estilo de vida, donde el bienestar se construye a través de hábitos sostenidos por los ciudadanos en el tiempo, seleccionados de forma libre y con acceso a información de calidad. En este contexto, el diseño urbano emerge como herramienta decisiva para generar entornos capaces de sostener estas prácticas, situando la vida cotidiana en el centro del proyecto urbano.
La muestra se realiza en colaboración con el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, que participa en una de las secciones de la muestra: Arqueología del bienestar. Esta sección introduce una reflexión histórica a partir de la observación de reproducciones de pinturas anteriores a la hegemonía del vehículo privado. Estas piezas permiten reconstruir formas de vida cotidiana en las que el espacio público funcionaba como una infraestructura activa para el cuidado y la interacción social.
Además, en paralelo al desarrollo de la muestra en la Casa de la Arquitectura, Izaskun Chinchilla y el Área de Educación del museo han configurado un recorrido temático autónomo, tanto en las salas del Thyssen como en formato digital, titulado El espacio común que sostiene la vida. Esta colaboración permite activar la colección del museo como un archivo operativo para la reflexión contemporánea, aprovechando su amplitud geográfica e histórica para identificar continuidades en las prácticas de bienestar urbano. Las obras seleccionadas, vinculadas a procesos como nacer, criar, comer, dormir, curar, cortejar, jugar o caminar, evidencian que estas actividades se desarrollaban en un marco compartido donde el espacio público actuaba como mediador.
Autor de la reseña
Izaskun Chinchilla
Inauguración:
23/04/2026
Clausura:
20/09/2026
Lugar:
C/ Paseo de la Castellana, 67 - 28046 Madrid
Comisariado:
Izaskun Chinchilla
DISEÑO:
Izaskun Chinchilla Architects
Comite científico:
Marisa Yiu, Caterina Capdevila, Marta Poch, Ana Robles Pérez, Elke Krasny, Celedón Forster, Izaskun Chinchilla, Marina Otero Verzier
Coordinación:
Izaskun Chinchilla Architects



