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Itinerario
Las islas canarias son volcánicas. No están flotando, como se pensaba hasta el s.XVIII cuando lo descubrió el naturalista Humboldt, al visitar Tenerife y el Teide: la mayoría de su volumen esta debajo del agua y lo que emerge es una mínima parte.
Esa idea de hacer visible una mínima masa de lo que se encuentra oculto es algo que está presente en algunas arquitecturas que se ha hecho desde Canarias y que voy a proponer recorrer en este itinerario.
Itinerario comisariado por
Magüi González
Es arquitecta por la Escuela de Arquitectura de Las Palmas, donde es Profesora de Proyectos Arquitectónicos. Premio Canarias de Arquitectura 1996 y 2006 y finalista de los premios FAD 2006 y X Bienal de Arquitectura Española, seleccionada en la IV y VI Bienal Internacional de Arquitectura de Sao Paulo y en la Bienal de Dak’Art 2004. En paralelo al trabajo en su estudio, fue cofundadora del Grupo Nred Arquitectos, una asociación informal cuyo objetivo era crear nuevas ideas para llevar a cabo concursos de arquitectura. Entre los concursos que ganaron y finalizaron su ejecución destaca La Ciudad Judicial de Las Palmas y la Rehabilitación de Las Casas Consistoriales de Las Palmas. Sus obras, premiadas en diversas ocasiones, han sido publicadas en distintas revistas especializadas. Desde 2004 es miembro de la comisión técnica del DoCoMoMo Ibérico y miembro del grupo de Investigación GIR de la ULPGC.
Medios de transporte
Son arquitecturas que tienden a cerrarse al exterior y ahuecarse por dentro, enseñando hacia fuera una mínima parte de lo que hay dentro.
Pero también el itinerario intentará reflejar una forma de vivir en las islas, de habitarlas, de proyectarlas y de pensarlas.
Estas formas de habitar el espacio privado responden a unos determinados arquetipos: los riscos, el cuevismo y la línea del horizonte. Todo esto se relaciona con la costa.
Desde la época prehispánica, las dos formas de habitar el territorio volcánico son la cueva en el risco y la costa. Dos formas antagónicas de habitar, lo excavado y lo que se abre al horizonte. Pero, curiosamente, la vivienda prehispánica de la costa se construye a semejanza de la cueva, como un macizo circular de piedra, donde las funciones de habitar se acoplan por sustracción dejando una figura en cruz en el interior del círculo.
Sou Fujimoto identifica las dos formas ancestrales de habitar como nido o cueva. La cueva como arquetipo es algo preexistente donde las funciones se acoplan, en contraposición al nido, que se construye de cero.
El primero en descubrir el cuevismo en canarias y sus posibilidades como hábitat contemporáneo fue César Manrique, en su casa en Haría, en la isla de Lanzarote, que habitó dentro de un volcán adaptándose a los conos volcánicos preexistentes.
Pero la otra manera de habitar en Canarias es contrapuesta y se relaciona con el horizonte. También tiene que ver con la idea de cueva contemporánea o transparente que señala Fujimoto.
Habitar el horizonte. La Casa Ruiz está situada en el barrio marinero de San Cristóbal en Las Palmas de Gran Canaria. Es la forma que habita un isleño que se interroga sobre lo que hay detrás del horizonte. La fachada es un gran entramado donde el horizonte se presenta como una línea más, las funciones no están prederminadas espacialmente y se ubican de una manera indeterminada dentro de un único volumen, que además se excava en el suelo como un volumen más habitable.
“La vida es un interminable horizonte al que uno se asoma cada día tratando de perseguir sus propios sueños. Lo aprendimos cuando de niños nos encaramábamos en las grandes avenidas, cuando uno mira hacia el horizonte lo único que está haciendo es mirar lejanamente hacia así mismo” Santiago Gil, sobre la condición isleña
Habitar el risco. La Casa en Pedro Hidalgo, de Carlos Suárez, introduce la ladera del risco volcánico como elemento significativo que preserva la memoria del lugar.
Este, con un fuerte desnivel de nueve metros, es el único resto de la ladera donde se construyó el barrio densamente poblado de Pedro Hidalgo, uno de los riscos que rodean la periferia de la ciudad histórica y en el límite con el suelo rustico, con el que entra en dialogo.
La vivienda se plantea como un puente, con una cercha entre las dos medianeras adyacentes, dejando el risco natural en su parte inferior, y donde una plataforma intermedia sirve de contemplación de la ladera rústica situada delante. Es la casa de un habitante contemplativo, no solo habita el risco, sino que lo observa.
Los barrios consolidados de las dos capitales de provincia Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, extensiones de la ciudad histórica del XIX, crecen entre medianeras o en altura. Pero algunas arquitecturas niegan esa condición de repetición que produce el adosamiento propio del academicismo y se manifiestan a la calle de una manera abstracta y objetual.
Habitar un objeto. La Casa MM, de Fernando Menis, se presenta al exterior como un gigantesco mueble de madera que es cerrado y abierto a la vez. Unas lamas de madera verticales, que se abren como gaviotas, producen una imagen cercana a la abstracción cinética. La manera de colmatar la manzana en curva le da una condición exenta que se refuerza en su encuentro con las medianeras, mediante una grieta estrecha que deja ver la piedra y que produce en el interior un ambiente exento dentro de la trama de la ciudad compacta.
La arquitectura se convierte es objeto cuando su imagen funciona independiente de su escala: “la casa como objeto que sirve para vivir”, como decía Baudrillard. Su ambiente interior postindustrial conecta con la memoria histórica de la ciudad, con piezas recicladas de la desmantelada Refinería de Santa Cruz: es la casa del que habita un futuro primitivo.
Habitar una grieta de luz. Dentro de la ciudad compacta, de la ampliación de la ciudad histórica del XIX, en las Palmas de Gran Canaria, la Casa en Eusebio Navarro, de Manolo Feo y Claudia Collmar, niega también la repetición y el adosamiento a las medianeras existentes mediante una grieta vertical que atrapa la luz solar en las últimas horas del día. Y que penetra en toda la profundidad de la planta, ensanchándose y plegándose, y considerando la luz como materia escultórica.
Esta condición exenta a pesar de la medianera existente se refuerza con el tratamiento escultórico de la fachada, que deja de ser plana mediante unos huecos sotianos que se pliegan a lo Oteiza.
Habitar la ciudad racionalista. La Casa Fortuny, de Eva Llorca, reinterpreta los valores racionalistas -volumen en lugar de masa-, propios de la arquitectura domestica del barrio de Ciudad Jardín, la joya racionalista de la ciudad de Las Palmas. Crea un volumen flotante cerrado por piezas repetitivas de aluminio, que cierra el aire y el volumen a modo de patio de fachada para ocultarse de las vistas indeseadas de la calle. Pero a su vez es abierto, permitiendo la circulación de aire y sol tamizado.
Encabalgar una casa academica. Situada en el barrio del Toscal en Santa Cruz de Tenerife, la Casa en la Toscalera de Alejandro Beautell asume la preexistencia de una casa existente, resto de la Academia, operando mediante vaciados y remontas.
El vaciado interior del patio se convierte a su vez en el recorrido de escaleras. Una remonta de hormigón con textura volcánica se sobrepone en un segundo plano a la renovada fachada existente.
La casa que se remonta sobre el pasado mirando de una manera oblicua al futuro. En la Casa en Molino de Viento, de X Estudio (Ancor Suárez y Leticia Romero), se asume un pasado inmediato neoclásico, en su versión povera de un barrio en decadencia. Como señalo Gabriel Ruiz Cabrero, la arquitectura como todo en Canarias también vino de fuera en barco, y también la arquitectura académica. La preexistencia académica sin valor patrimonial es la memoria histórica de un barrio en proceso de sustitución y de modificación de su forma de vida.
La intervención en el interior refleja las distintas capas de habitantes anteriores. A pesar de su materialidad descuidada, un vaciado vuelca la casa al interior mediante una hábil articulación de patio de escaleras y patio de planta alta, ampliándose mediante una remonta de hormigón, que se desplaza oblicuamente de la planeidad de la fachada.
Las casas que son los ojos de las cuevas para mirar el paisaje. La Casa de las Cuevas en Artenara, de Gloci arquitectura (Jaime González y Jorge Castro), utiliza las cuevas prehispánicas preexistentes como intercambio térmico. Adosan, como contrapunto (desde una tecnología contemporánea con el sistema modular Steel Frame), unas pequeñas casas a dos aguas.
Pero además crean una plataforma de dominio del paisaje, una línea horizontal de mediación entre el risco, la gruta y la casa. En definitiva, crean un lugar de contemplación de un paisaje de montañas propio de la memoria histórica de la isla de Gran Canaria.
La cueva transparente. Un gusano en el interior de una manzana, de Pedro Romera. El espacio es cerrado y luminoso a la vez. El entramado de fachada del local permite una transparencia fenomenológica, ocultando visuales de la calle mediante vidrios opalescentes.
La forma de proyectar el interior es creando un vacío como hace el gusano, penetrando por un túnel de cristal que permite la entrada de luz y que articula todos los espacios habitables. La perforación llega hasta el sótano, incorporándolo como espacio habitable.
Lo novedoso de esta propuesta no es solo ver la oportunidad de hacer habitable un local comercial, sino incorporar el coche en una urna de cristal como una habitación mas un 4x4 listo para salir. Es la casa del habitante nómada.



