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Itinerario
Cada nueve años, sin necesidad de talar un solo árbol, el alcornoque entrega su corteza. Se descalza el tronco con un hacha que no hiere la madera viva, y ese gesto produce un material que poco a poco vuelve a interesar a la arquitectura por razones muy distintas a las que lo hicieron popular en el siglo XX. Ya no hablamos solo de aislamiento térmico o acústico, sino de un material que condensa varias de las búsquedas que atraviesan la disciplina en este momento, como la descarbonización, la proximidad territorial, la circularidad, la alianza con lo no humano y una sensibilidad hacia lo que significa construir en tiempos de crisis climática.
Este itinerario no pretende ser un catálogo exhaustivo de obras en corcho, sino un recorrido que usa este material biogénico como hilo conductor para observar un desplazamiento más amplio: el de una arquitectura que empieza a mirar sus materiales no como recursos neutros, sino como agentes políticos, ambientales y sensibles. El corcho, por su origen vegetal, su renovabilidad y su capacidad de absorber carbono mientras crece, se ha convertido en una suerte de material emblema de esta transición.
Itinerario comisariado por
Antonio Giráldez López, Pablo Ibáñez Ferrera, Diego Morera Sánchez
Comisariado web, la Casa de la Arquitectura
Medios de transporte
El itinerario arranca en Madrid, en el barrio de Delicias, donde elii y Husos arquitecturas han rehabilitado una antigua metalurgia para convertirla en el Edificio para Infinito Delicias. El proyecto podría leerse casi como un manifiesto de todo lo que este itinerario quiere explorar, por ejemplo, preservar las preexistencia en lugar de derribarlas, construir con biomateriales de proximidad (madera, corcho, morteros de cal) analizando el ciclo de vida de cada uno, y desplegar una estrategia bioclimática que convierte las fachadas en colchones térmicos habitados por plantas y toldos. El corcho aparece aquí como una pieza más de una lógica de circularidad más amplia, que integra huertos, composteras y arquitecturas para aves y murciélagos, entendiendo que cada decisión constructiva compromete a otros, a humanos y no humanos, presentes y futuros.
Desde este punto de partida, el itinerario se abre en dos direcciones: una que sigue al corcho a través de las escalas de la infancia y el aprendizaje, y otra que lo acompaña hasta una escala más doméstica, la de la casa y el taller.
En el Encinar de los Reyes, la Reggio School de Office for Political Innovation lleva el corcho a una condición casi pedagógica. El edificio expande buena parte de su programa hacia el parque lineal contiguo, reduciendo así la huella de lo construido y activando un espacio público compartido con el barrio, de modo que su desarrollo vertical, poco habitual en la tipología escolar, ahorra suelo. Y en su piel, la ausencia deliberada de falsos techos, revestimientos o fachadas ventiladas deja a la vista un aislante de corcho proyectado, de doble espesor al exigido por normativa. Una "construcción desnuda" que, según sus autores, educa al alumnado en la comprensión de cómo está hecho el edificio que habitan.
A varios cientos de kilómetros, en un municipio de apenas 131 habitantes de Albacete, el estudio rellam proyecta el Parque infantil en Balsa de Ves, sobre el solar de una antigua escuela unitaria demolida. Es una intervención pensada para un público, las infancias, que no figura en el censo municipal pero que constituye su razón de ser velada, con elementos de juego deliberadamente ambiguos que rehúyen la iconografía habitual del parque infantil. La condición de "lo menor" que define a estos municipios, esa figura administrativa que permite actuar con agilidad para transformar la realidad material del pueblo, encuentra en materiales de baja huella y bajo coste, como el corcho presente en la superficie del suelo, una vía de acción directa frente a la despoblación.
En Burgos, Jerez Arquitectos convierte un antiguo garaje en una Escuela de música infantil temprana y piano. Dentro de un contenedor gris e irregular, fruto de dos ampliaciones sucesivas de los años cincuenta, se levanta un "bosque" doméstico compuesto por pequeñas aulas con geometría de "casas", una de las cuales se reviste por dentro y por fuera con corcho natural de 30 mm. El material aporta aquí calidez táctil y acústica a un espacio pensado para despertar la curiosidad musical de niños de hasta 12 años.
El itinerario continúa atravesando, ahora, espacios de escala doméstica o vecinal, donde el corcho se vuelve piel, aislamiento y, a veces, argumento estético en sí mismo.
A orillas del Miño, Ourense, MOLArquitectura rehabilita la Casa da Anguía de Barral, un local social vinculado a la fiesta gastronómica de la anguila. El aislamiento de cubierta con paneles de corcho ecológico, combinado con termoarcilla en fachada y una estufa de biomasa, persigue una huella de carbono cero con materias primas apenas transformadas, dando lugar a una sostenibilidad entendida no como añadido tecnológico, sino como reducción de complejidad.
En la costa de Girona, Emiliano López & Mónica Rivera Arquitectos proyectan Dos casas de corcho donde el material recubre unos volúmenes que se mimetizan con la topografía y la vegetación existente, dialogando con el mar y las copas de los árboles sin alterar aparentemente el lugar que ocupan. Aquí el corcho no es solo prestación técnica, es también textura y color, una forma de camuflaje frente al paisaje mediterráneo.
En la aldea coruñesa de Suevos, rellam, nuevamente, proyecta la Casa ID y taller Grau, vivienda y estudio de la artista Irene Grau. Cimentada sobre pilotes roscados que evitan la maquinaria pesada, la casa se construye en seco, con componentes ligeros, de baja huella y desmontables, casi todos procedentes de Galicia y Portugal. Madera y corcho se muestran sin ocultarse. La sostenibilidad, señalan sus autores, no puede limitarse al rendimiento del edificio habitado, sino que debe extenderse también al coste ambiental de construirlo y, llegado el momento, de deshacerlo.
Cerramos este tramo volviendo a Madrid, más precisamente a la Casa Pádel de Almudena Ribot, levantada sobre una pista de pádel infrautilizada en el interior de una manzana. Una vivienda industrializada en CLT, forrada de corcho y cubierta de vegetación, que sus autores describen literalmente como "un archivo de material" en el que ambos elementos, madera y corcho, acumulan un alto carbono embebido, pero su vocación declarada es la de convertirse, el día de mañana, en cantera de los materiales que vendrán.
Del alcornoque a nuestros edificios y ciudades, este itinerario recorre una misma inquietud, la de una arquitectura que se pregunta de qué está hecha, de dónde vienen sus materiales y qué será de ellos cuando sus edificios desaparezcan. El corcho, capaz de regenerarse a sí mismo en su árbol, puede ser la metáfora perfecta de una disciplina que busca construir sin agotar, mirando sus materiales no como recursos que se consumen, sino como cortezas que vuelven a crecer.



