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Herederos del recinto ferial de la Casa de Campo, los nuevos recintos feriales de Madrid son el resultado de un concurso restringido convocado en 1987 cuyo fallo troceó el encargo en un edificio de oficinas en cabecera con un carácter emblemático encargado a un Sáenz de Oiza que se debatía entre su filiación moderna y los aires posmodernos que agitaban el panorama nacional e internacional, y el resto de espacios expositivos a la pareja Junquera y Pérez-Pita, probablemente la más lúcida y eficaz en aquel momento.
En su día, el edificio de Asís Cabrero en la Casa de Campo ya había batido récords dimensionales, pero los 480 por 450 metros del nuevo complejo justifican su ubicación en la periferia de la ciudad y su vínculo con las grandes infraestructuras del transporte de la ciudad. De hecho, ante tales dimensiones, los 14 metros de altura resultan insignificantes, resultando un conjunto notablemente horizontal. Por imposición de las bases, la ordenación en planta debía realizarse alrededor de un eje central en torno al cual se debían enfrentar los pabellones dos a dos. En los frentes norte y sur estos pabellones se fundían en uno, localizando en su centro las entradas principales. En el conjunto desarrollado por Junquera y Pérez-Pita se planteaban dos módulos de pabellones diferentes: cuatro de 90 por 180 metros y dos de 90 por 120. En cinco de estos la modulación estructural es de 30 por 30 metros, pero uno de los menores, el pabellón 6, presenta una planta diáfana con luces entre soportes de 90 metros.
Es de observar hasta qué punto la deseada “sucesión de enormes cajas metálicas perfecta y nítidamente dibujadas por sus aristas” resuelve el conjunto, haciendo realidad el viejo aforismo de Mies para su Sala de Convenciones de Chicago: “La construcción es el edificio”.
El edificio de oficinas de los recintos feriales de Madrid es una obra postrera en la larga carrera profesional de su autor, Francisco Javier Sáenz de Oiza. Este pabellón, alejado funcional y conceptualmente del resto del complejo, resuelve el acceso público principal a las exposiciones, así como el lugar de la gestión y administración del recinto.
Emparentada cromática y constructivamente con otras obras del autor en esa época, el edificio explora una geometría muy rotunda –una gran caja prismática horadada por un patio circular– cuyo referente podría rastrearse hasta el Palacio de Pedro Machuca para Carlos V en el conjunto de La Alhambra. No obstante, su desarrollo constructivo, una gran caja de vidrio que trasparenta su estructura metálica, sobre un zócalo de piedra, remite a la tradición de los palacios de cristal, tipología que tanta fascinación ejercía sobre Sáenz de Oiza.
El propio autor señalaba el vector formado por el Palacio de Cristal de Paxton y el Centro Cultural Pompidou de París como referencias más próximas para su proyecto. De hecho, el pabellón es la suma de un edificio de forma y construcción más tradicional, envuelto en una piel exterior independiente en su estructura, construcción y materiales. Esta doble piel se justifica como amortiguador climático, manteniendo el espacio interior ventilado por la cubierta. La piel exterior es soportada por dobles columnas de acero, circular la exterior y de perfil laminado la interior, cosidas por tres anillos de pasarelas de mantenimiento. En este caso, y frente a la tradición del escueto muro cortina moderno, Oiza propuso una mucho más contemporánea “pared de tres metros de espesor en cuyo interior haya plantas y loros”.
Finalmente hay que referirse a una ampliación, hoy en día todavía en obras, debida a la mano de Andrés Perea. Agotado el suelo del solar vinculado a la estructura lineal que articulaba los recintos, las nuevas piezas –dos grandes naves de geometría central, una de generación cuadrada y la otra circular– funcionan como una nueva entidad dentro del solar que remata el flanco este del solar.
Las dos naves han sido sometidas a un tratamiento de borde que resuelve con habilidad la introducción del programa auxiliar y de servicios necesario en este tipo de equipamientos. No obstante su principal valor reside, probablemente, como señala el autor, en la correspondiente memoria en “un incremento ponderado de complejidad en la memoria urbana y una intensificación iconográfica o figurativa del Recinto Ferial en la percepción de la periferia en razón de acentuar efecto distancia interesante, que es parámetro de medida y referencia en la cultura perceptiva periurbana”.
Información general
IFEMA
AÑO
Opción de visitas
Dirección
avda. del Partenón, 5
28042 Madrid - Madrid
Latitud: 40.465793506
Longitud: -3.616686367
Clasificación
Superficie construida
Arquitectos participantes
Información aportada por
Servicio Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM)
Enlaces web
Ubicación
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