Cargando...
Itinerario
Vivimos envueltos en plástico. En los supermercados, en los quioscos, en las tiendas de ropa… pero también en nuestras casas y apartamentos. Las ventanas por donde se cuela la luz, los suelos laminados que pisamos, las pinturas que dan color a las paredes o los cables y tuberías que nos dan servicio; todos ellos hacen uso del plástico para hacer funcionar los espacios que habitamos. Y, sin embargo, es bastante difícil señalar edificios que sean de plástico. Quizás porque el origen sintético de este material, su impacto medioambiental y su coste lo llevan a concentrarse en todas aquellas capas de la arquitectura que no solemos ver, como láminas, aislamientos o instalaciones.
Itinerario comisariado por
Lluis Juan Liñán
Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana
Medios de transporte
En este itinerario, no obstante, podremos recorrer un conjunto de edificios que desplazan el plástico hacia capas más visibles, y que aprovechan su capacidad para asumir un sinfín de formas, colores, texturas y niveles de transparencia para envolver espacios sorprendentes. Como sucede en el Matadero Madrid. Cineteca y en su interior trenzado con mangueras de plástico, el acto de llevar a la superficie un elemento discreto como este produce una arquitectura que cautiva nuestra atención.
Incluso cuando el material hace todo lo posible por transparentarse y desaparecer, como en la Carpa al Restaurant Les Cols, el plástico se convierte en protagonista de la experiencia espacial y culinaria.
En el resto de las obras del itinerario lo encontraremos más a la vista, definiendo el carácter de fachadas que despliegan parte del repertorio de composiciones y formas que nos propone este material. Desde las superficies planas y frías que envuelven el Colegio de Arquitectos de Vigo o la Ampliación y mejora de la E.D.A.R. de San Claudio, a la piel rugosa y estriada de la Vivienda unifamiliar en Sanxenxo, todas ellas de policarbonato. Desde los grandes almohadones de EFTE que construyen la imagen del Edificio Media-TIC de Barcelona, hasta la fibra de poliéster que llena de color el Medialab-Prado o el plexiglás que disuelve el Estudio en verde entre la vegetación de la periferia de Madrid.
Color, transparencia, ligereza, aislamiento, durabilidad… son propiedades que podremos sintetizar al recorrer cada uno de estos edificios y envolvernos con sus plásticos. Será, seguro, una experiencia única. Pero no solo porque se trata de obras singulares y de gran calidad, sino, sobre todo, porque la condición derivada del petróleo del plástico hace inevitable que su uso sea excepcional. En el siglo XXI, pensar en una arquitectura de plástico acarrea un conflicto que, sin embargo, es necesario hacer visible para convertirlo en objeto de reflexión.



