Cargando...
Itinerario
La recuperación del patrimonio arquitectónico no siempre ha contado bien quién está detrás de cada intervención. Durante mucho tiempo, la autoría femenina ha quedado en un segundo plano, a pesar de la presencia constante de arquitectas en este campo desde los años setenta del pasado siglo XX. Sin embargo, esta situación empieza a cambiar. En los últimos años han surgido estudios que revisan esta historia y ponen en valor el papel fundamental de muchas profesionales en los procesos de rehabilitación, restauración y readaptación del patrimonio construido. Su aportación no se limita al rigor técnico, imprescindible en este tipo de trabajos, sino que incorpora también una mirada especialmente atenta a los valores culturales, sociales y simbólicos de los edificios sobre los que se interviene.
En el contexto canario, esta contribución adquiere una relevancia particular. El patrimonio insular presenta una notable complejidad: edificios que han cambiado de uso en múltiples ocasiones, transformaciones acumuladas a lo largo del tiempo —no siempre bien documentadas— y unas condiciones climáticas variables que influyen de forma decisiva en los materiales y en su conservación. Frente a este escenario, las intervenciones requieren una gran capacidad de lectura y una actitud sensible hacia lo existente. No se trata sólo de reparar o consolidar, sino de comprender las distintas capas que configuran cada edificio.
Itinerario comisariado por
David Delgado Baudet y Lucía C. Pérez-Moreno
David es investigador postdoctoral, área de Composición Arquitectónica, Departamento de Arquitectura, Universidad de Zaragoza. Miembro del Lab Socio-inhåbitare del Grupo de investigación de referencia Buit4Life del Gobierno de Aragón. Lucía es Profesora Titular, área de Composición Arquitectónica, Departamento de Arquitectura, Universidad de Zaragoza. Coordinadora del Lab Socio-inhåbitare del Grupo de investigación de referencia Buit4Life del Gobierno de Aragón.
Medios de transporte
En este marco, varias arquitectas han desarrollado una labor continuada y muy consistente para cuidar el pasado a través de la rehabilitación arquitectónica. Su trabajo suele apoyarse en equipos multidisciplinares en los que participan historiadoras, restauradoras y otras profesionales especialistas en patrimonio. Esta colaboración permite abordar los proyectos desde distintos ángulos: la investigación histórica, el análisis constructivo, la diagnosis de patologías y la definición de nuevas estrategias de uso, entre otros. El resultado son intervenciones en las que la arquitectura contemporánea no se impone, sino que dialoga con lo preexistente desde el respeto, la precisión y, en muchos casos, una adecuada discreción.
El itinerario que aquí se propone recorre la isla de Tenerife a través de siete ejemplos significativos de recuperación y rehabilitación del patrimonio. Las obras seleccionadas abarcan desde la década de 1990 hasta la actualidad y reflejan la evolución de los criterios de intervención en estos años. Al mismo tiempo, permiten acercarse al trabajo de cuatro estudios de arquitectura liderados por mujeres arquitectas canarias, cuyas trayectorias han contribuido de manera decisiva a consolidar este espacio laboral en el archipiélago. Se trata de las arquitectas María Nieves Febles Benítez (1957) —del estudio CF Cabrera-Febles, Arquitectura, Paisaje y Urbanismo—, María Isabel Correa Brito (1955) —del estudio Correa + Estévez Arquitectura—, Cristina González Vázquez de Parga (1966) —de los estudios GBGV Arquitectos y Vázquez de Parga Arquitectos—, Ana María Zurita Expósito (1962) y María Pía Oramas González-Moro (1960) —cofundadoras del estudio ZOC Arquitectos—.
El recorrido combina contextos muy distintos. Por un lado, incluye intervenciones de rehabilitación de edificios en tejidos urbanos consolidados, como Santa Cruz de Tenerife — con las rehabilitaciones de María Nieves Febles del antiguo Hospital Civil para Museo de la Naturaleza y la Arqueología (en cuatro fases, desde 1993 hasta 2011) y del Templo Masónico de la Logia de Añaza (2025)— y San Cristóbal de La Laguna —rehabilitaciones de María Isabel Correa Brito del Instituto “Cabrera Pinto” como centro museístico y cultural (1997), del Centro Asociado de la UNED de Tenerife (2006) y del Hospital de Dolores para la Biblioteca “Adrián Alemán de Armas” (2006)—, donde los edificios forman parte de tramas históricas densas y complejas.
Por otro, se desplaza hacia entornos de carácter más rural, como El Sauzal — Rehabilitación y ampliación de Cristina González Vázquez de Parga la Casa Museo de la Sierva de Dios (2003)— o Fasnia — Adecuación de Ana María Zurita Expósito y María Pía Oramas González-Moro de la ermita de San Joaquín y entorno (2000)—, donde la relación con el paisaje y la topografía adquiere un papel protagonista. Este contraste permite entender cómo cambian las estrategias de intervención según el lugar, la escala y el tipo de edificio.
También son diversas las escalas de los proyectos. En un extremo se sitúa la intervención sobre las ruinas de la ermita de Fasnia, una actuación contenida que mantiene su uso religioso y se apoya en una lectura muy precisa del lugar. En el otro, aparecen conjuntos de mayor complejidad, como el Instituto Cabrera Pinto en La Laguna, donde la sucesión de claustros y espacios históricos exige una organización cuidadosa de recorridos y usos. Entre ambos casos se despliega una amplia gama de situaciones intermedias.
En muchos de estos proyectos, la rehabilitación se vincula a la incorporación de nuevos usos, principalmente culturales y docentes. Este cambio de programa plantea uno de los principales retos de la intervención en patrimonio: cómo adaptar los edificios a nuevas necesidades sin perder su carácter. En este sentido, las arquitectas trabajan a menudo con tipos arquitectónicos históricos —como las organizaciones claustrales— que han demostrado una gran capacidad de adaptación a lo largo del tiempo. Antiguos espacios residenciales, religiosos o sanitarios encuentran así nuevas funciones sin renunciar a su lógica espacial original y siguiendo las pautas de la Carta de Venecia (1964).
En este proceso, el papel de otros perfiles profesionales resulta igualmente clave. Historiadoras e historiadoras del Arte, como María Luisa Navarro Segura y Ana María Benedicto Justo, respectivamente, aportan la contextualización necesaria para comprender la evolución de los edificios, mientras que restauradoras como Isabel Rumeu de Lorenzo Cáceres o Fernanda Guitián Garre intervienen en la conservación de materiales y elementos singulares. Esta red femenina de colaboraciones pone de manifiesto que la recuperación y el cuidado del patrimonio es, ante todo, un trabajo colectivo especialmente transitado por mujeres.
El recorrido comienza en Santa Cruz de Tenerife, donde se han seleccionado dos intervenciones del estudio CF–Cabrera Febles, cofundado por la arquitecta María Nieves Febles Benítez. La primera de ellas es el actual MUNA, Museo de la Naturaleza y la Arquitectura, situado junto al barranco de Santos y en relación directa con el Tenerife Espacio de las Artes (TEA). El proyecto parte de un plan director desarrollado por el propio estudio tras ganar el concurso, y se ejecuta en varias fases a lo largo de casi dos décadas.
El conjunto se organiza en torno a varios patios, que actúan como piezas clave para la iluminación y la circulación. Un gran vestíbulo central articula los distintos recorridos y permite entender la complejidad del edificio de forma clara. La intervención recupera trazas y ritmos que se habían perdido con el tiempo, pero incorpora también soluciones contemporáneas que se reconocen sin ambigüedad. Este diálogo entre lo antiguo y lo nuevo es uno de los aspectos más interesantes del proyecto.
El segundo caso en la ciudad es el Templo Masónico, que se sitúa en la misma manzana que la parroquia de Nuestra Señora del Pilar y constituye una de las intervenciones más recientes del itinerario. Su recuperación se enmarca en una estrategia más amplia del Cabildo Insular para rehabilitar arquitecturas del siglo XX en estado de deterioro —como la Casa Mascareño (rehabilitada en 2023 como Casa de la Juventud), el Parque Cultural Viera y Clavijo (de próxima finalización) o el Cine-Teatro Baudet (con obras de recuperación comenzadas recientemente)—. La reapertura del edificio en 2025 lo devuelve a la vida pública, al tiempo que lo integra en una red de equipamientos culturales en transformación.
La antigua sede de la Logia Masónica de Añaza se plantea ahora como futuro centro de interpretación, aunque ya es posible recorrer algunos de sus espacios restaurados. La intervención es deliberadamente contenida, lo que permite apreciar la singularidad de estancias como la Sala de Tenidas, con su estrado de mármol, o la sugerente gruta iniciática en el subsuelo. Más que transformar el edificio, el proyecto busca hacerlo legible y accesible.
Desde Santa Cruz, el itinerario se desplaza al entorno de la calle San Agustín, en el casco histórico de San Cristóbal de La Laguna, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, y donde se concentran tres proyectos de rehabilitación muy próximos entre sí. Todas ellas constituyen intervenciones del estudio Correa + Estévez, cofundado por Maribel Correa Brito, que suman más de quince años de trabajo continuado en la recuperación de edificios históricos.
Estos inmuebles habían sufrido transformaciones intensas y, en muchos casos, poco controladas. Las intervenciones buscan recuperar su coherencia espacial sin eliminar las huellas del tiempo.
La secuencia de claustros restaurados ofrece soluciones diversas, adaptadas a cada caso, pero siempre orientadas a reforzar la lógica original de los edificios. En los interiores, los nuevos usos conviven con la puesta en valor de los sistemas constructivos, los materiales y los detalles.
A 13 kilómetros de distancia, en la costa norte de la isla, se encuentra el municipio de El Sauzal, donde el estudio GBGV Arquitectos, cofundado por Cristina González Vázquez de Parga, interviene en la Casa Museo de la Sierva de Dios, junto a la iglesia de San Pedro Apóstol. El proyecto combina varias escalas de actuación: la rehabilitación de la arquitectura existente, la incorporación de un volumen de nueva planta y la ordenación del espacio exterior.Lejos de competir con lo preexistente, la nueva arquitectura se integra de forma medida, estableciendo una relación equilibrada con el edificio original. La intervención paisajística refuerza esta unidad y dota al conjunto de una mayor claridad en sus recorridos y accesos. El resultado es un espacio que funciona como museo y lugar de encuentro.
El itinerario concluye en Fasnia —para lo cual es preciso desandar el camino recorrido y tomar la autopista del sur para visitar la costa este de Tenerife—, en un entorno de marcada pendiente y fuerte carácter agrícola. Aquí, la intervención sobre la antigua ermita de San Joaquín se resuelve mediante una plataforma que remite a los bancales tradicionales del paisaje. Este gesto sencillo permite ordenar el espacio y poner en valor los restos existentes.
El proyecto, firmado por las arquitectas Ana María Zurita Expósito y María Pía Oramas Gutiérrez-Moro, establece un diálogo muy directo entre la topografía, la ruina y la nueva intervención. No se trata de reconstruir el edificio, sino de hacerlo comprensible y habitable desde el presente. La arquitectura actúa aquí casi como un soporte que permite redescubrir el lugar.
A lo largo de todo el recorrido, se hace evidente una forma de intervenir que combina conocimiento, precisión y sensibilidad. Las arquitectas que firman estos proyectos comparten una actitud común: trabajar desde el respeto a lo existente, sin renunciar a la contemporaneidad. El resultado no es sólo la rehabilitación de edificios, sino la construcción de nuevas formas de relación con el patrimonio para su preservación.
Este itinerario invita, en definitiva, a mirar de otra manera. A reconocer el valor de estas intervenciones y, también, a visibilizar a quienes las hacen posibles. Porque detrás de cada edificio recuperado hay una historia compleja, y también una forma de entender la arquitectura como herramienta para conectar pasado y presente.
Este itinerario ha sido diseñado por miembros del Grupo de investigación Built4Life_Lab Socio-inhåbitare en Arquitectura y Pensamiento feminista de la Universidad de Zaragoza, siendo uno de sus objetivos la recuperación y valoración social del trabajo realizado por mujeres arquitectas en España.



