Loading...
Itinerary
Es bien sabida la estrecha relación entre agua y formas de vida. También en la articulación del territorio. Los primeros asentamientos —donde ahora se levantan aldeas, pueblos y ciudades— buscaban las orillas de ríos, lagos y mares, o la presencia de acuíferos. Estos cuerpos aseguraban el suministro de agua para el consumo humano, pero también servían a la agricultura, la ganadería, el transporte, la defensa y, por lo general, su existencia se relacionaba con la de entidades biológicas diversas.
Infraestructuras productivas. A lo largo de la historia, las aguas y sus cursos han sido objeto de procesos extractivos y de explotación productiva, desde la obtención de metales hasta los primeros procesos hidráulicos y la hidroeléctrica contemporánea. No es posible entender el territorio peninsular en la actualidad sin leerlo en relación a las políticas hidrológicas del siglo XX, que transformaron cursos fluviales y crearon infraestructuras para su contención y aprovechamiento. Y es que estas transformaciones han dado lugar a intervenciones violentas para comunidades humanas y no humanas, al desplazamiento forzado y a algunas de las arquitecturas y obras de la ingeniería civil más estudiadas de la modernidad nacional.
Itinerary curated by
Antonio Giráldez Lóprez, Pablo Ibáñez Ferrera, Diego Morera Sánchez
Comisariado web
Means of transport
Inaugurado en 1921, el Caminito del Rey, en Málaga, era una pasarela utilizada por los trabajadores que transitaban entre la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro y la Presa del Conde de Guadalhorce, una infraestructura puesta en marcha por la empresa gracias a la Ley de Auxilios para Obras Hidráulicas de 1911, que sucedió a la famosa riada de 1907 en la ciudad. En 2016, el arquitecto Luis Machuca puso fin a la recuperación de esta conexión paisajística del Desfiladero de Los Gaitanes. Resultado de un Plan Especial que combinaba un proyecto medioambiental y de ordenación, la intervención buscaba la mínima intervención sobre las paredes de piedra, adaptándose a sus geometrías para generar un proyecto turístico y de recuperación de memoria en un entorno de una extrema singularidad.
Las aguas del río Lérez fueron, a lo largo del siglo XX un lugar de peregrinación de personas atraídas por las propiedades terapéuticas de las aguas de sus manantiales minero-medicinales, declaradas de utilidad pública en 1904 y también comercializadas y explotadas con fines turísticos. A su paso por San Xurxo de Sacos, Pontevedra, la arquitecta paisajista Cristina García Fontán completó la recuperación del conjunto vinculado a las aguas sulfurosas de su antiguo balneario. El proyecto busca crear un espacio de encuentro entre personas vecinas y visitantes, recuperando un turismo balneario de pequeña escala presente en distintas geografías hasta mediados de siglo.
De aguas industriales a aguas urbanas. En los entornos urbanos, a lo largo del siglo XIX, las políticas de la modernidad y el higienismo comenzaron a ocultar y canalizar los cursos fluviales, conduciendo sus flujos por infraestructuras y cajas negras fuera de la vista y el contacto humanos, hoy medidos por su pH, turbidez, presencia de metales o patógenos.
El núcleo de Sallent, en Barcelona, había perdido su conexión con el río Llobregat, que en su día había sido un importante eje industrial. En un fragmento de su curso, ganado al mar, entre la Torre del Gas y la Fábrica la Vella, Roser García Llidó, Sergio Sangalli Borrego, Álvaro Alcázar del Aguila y Eduard Llargués i Asensio pusieron en marcha un proyecto de renaturalización de su borde. A través de gestos estratégicos y sensibles, que combinan el movimiento de tierras, la creación de un sistema de balsas, filtros y abrevaderos y la plantación de vegetación de ribera, el proyecto busca proteger a este espacio de las inundaciones y permitir su recorrido público.
En la capital de la provincia, Barcelona, el Rec Contal había sido una de las infraestructuras productivas más importantes para el tejido urbano de la ciudad. Esta acequia no solo había servido para poner en marcha los molinos de harina que servían a la ciudad, sino que alimentaba a otras industrias y articulaba al mismo tiempo espacios públicos para la ciudadanía. En 2022, Carles Enrich finalizó un proyecto de recuperación de su único tramo todavía activo, en Vallbona. Mediante plantación de vegetación de ribera y especies macrófitas, junto con una intervención arquitectónica ligera a través de barras corrugadas de acero, la intervención genera pequeños miradores que permiten la recuperación de este cuerpo de agua como elemento recreativo, productivo y de memoria colectiva.
En Toledo, la conexión de la ciudad con la Vega Baja había sido velada por el desarrollismo y la construcción de más de mil viviendas en un área de importancia histórica y arqueológica, por la antigua presencia de los puertos fluviales. Su paralización motivó la recuperación de la ciudad con el río Tajo a través del proyecto de de Ignacio Álvarez Ahedo, Javier Bernalte Patón, Josefa Blanco de Paz, Jose Ramón González de la Cal y María Dolores Sánchez Moya. Una sensible plantación de moreras, en línea, a ambos lados del camino, recupera la conexión peatonal de la ciudad con el río. Una imagen inacabada de lo que la ciudad podría haber sido y lo que podría ser.
De aguas dulces a aguas salobres. Aquellas aguas con más sal que la dulce, pero menos que las del mar, han definido alguno de los paisajes más singulares de nuestros territorios, por sus condiciones ambientales o el desarrollo de prácticas productivas. Albuferas, estuarios y acuíferos de agua salobre constituyen ecosistemas particulares por la acumulación de sedimentos y nutrientes, y la presencia de especies animales y vegetales singulares o en peligro de desaparición.
En la Bahía de Cádiz, la Senda del Pinar de Algaida, recuperada por Estudio ACTA en 2002, buscó la recuperación del borde salobre como espacio público frente a la presión urbanizadora del entorno. Un ejercicio de trazado y de reutilización de escombros ata un nuevo espacio público sobre las aguas de la marisma, buscando mantener las huellas de su pasado productivo como salina y su posterior abandono.
En la desembocadura del río Piedras, un entorno singular y sometido a décadas de explotación productiva, las aguas cercanas al Atlántico fueron testigo de décadas del arte de la pesca de la almadraba. En 2022, María González y Juanjo López de la Cruz ponían fin a una intervención en la Real de la Almadraba de Nueva Umbría, un conjunto de edificaciones industriales abandonadas en los años sesenta. Además del zigzagueo de la senda que conecta el conjunto con las aguas abiertas del Atlántico, el proyecto recuperaba la traza de una vieja caseta y reconstruía el antiguo embarcadero, utilizando sus restos como cimentación.
En las próximas décadas el agua será, sin duda, un recurso todavía más preciado. Apenas un 0,025 % de las masas de agua dulce del planeta son potables, lo que generará conflictos sociales, ambientales, crisis de salud pública y más desigualdades. En un momento de auge de políticas e intervenciones paisajísticas que buscan recuperar la reconciliación humana con paisajes naturales, especialmente los vinculados a cuerpos de agua y especialmente en la renaturalización de contextos urbanos, rurales e infraestructuras productivas, este es apenas un recorrido por algunos ejemplos contemporáneos en nuestro país en los que la arquitectura y el paisaje buscan recuperar la relación humana con el agua, casi todas dulces.



