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Itinerary
Existen territorios intensamente atendidos por la Arquitectura, con mayúscula. El flujo de capital, los centralismos, la concentración urbana y la tradición disciplinar inauguran en geografías concretas grandes paradigmas de vivienda colectiva, ejes urbanos con museos y otros equipamientos, viviendas privadas o parques y plazas fáciles de reconocer.
Existen otros territorios que, careciendo de estos flujos, viven momentos históricos paradigmáticos en los que la arquitectura participa, con especificidad, acompañando procesos sociales y económicos. Pensemos en la industrialización de ejes y áreas en el s.XX en distintas geografías del estado español —en Asturias, Euskadi, Tarragona, el corredor del Henares, entre muchos otros—, o los nuevos paradigmas energéticos y extractivos del siglo pasado. O los barrios periféricos surgidos a partir del éxodo rural y la concentración urbana en las grandes ciudades y capitales de provincia en los años XX. O las arquitecturas vinculadas al desarrollismo y a la apertura al turismo de masas de las décadas de XX y de los XX en Canarias, la Costa del Sol o la Costa Blanca.
Fuera de estas lógicas, hay territorios que escapan a esta desatención para constituir verdaderos laboratorios de formas de habitar y transformaciones territoriales. Son territorios sin escuelas de arquitectura, sin inercias o herencias. En este itinerario, recorreremos, en coche, uno de ellos, el sector occidental de la costa cantábrica. Utilizaremos carreteras nacionales que bordean la Costa Verde y A Mariña Lucense, pero también ascenderemos y descenderemos algunos valles y cauces para recorrer, de forma despreocupada, saltando entre décadas, algunas arquitecturas paradigmáticas o silenciosas. Viajaremos desde Gijón al Cabo Ortegal, desde la apertura y el desarrollismo hasta la consolidación de la democracia y la entrada del país en la CEE.
Itinerary curated by
Antonio Giráldez López, Pablo Ibáñez Ferrera, Diego Morera Sánchez
Comisariado web, la Casa de la Arquitectura
Means of transport
Arrancamos en la capital de la Costa Verde. Y como no podía ser de otra forma, en el contacto de la ciudad con el mar Cantábrico. Las arquitecturas y urbanismos que hoy moldean este encuentro fueron definidas por el Plan Especial de Reforma Interior del Puerto Local de Gijón, redactado en 1988. Obra de Fernando Nanclares con Nieves Ruiz, Jesús Menéndez y Juan González Moriyón, el plan buscaba la transformación del antiguo puerto industrial y pesquero en un puerto deportivo, de menor intensidad, y lugar de ocio. Esta transformación no podría entenderse desligada de su contexto político. Y es que, a partir de los años ochenta, la ciudad empezó un proceso de reconversión industrial y el giro hacia el ocio y el turismo se hizo evidente también en su espacio portuario.
El plan contemplaba la conversión de estos espacios en un puerto urbano, un nuevo espacio público para la ciudad que cosiera los distintos tejidos de la ciudad, reformulando su relación con el mar. La transformación comenzó con la antigua Aduana y los tinglados y muelles adyacentes, para finalmente proceder a la liberación de todas las dársenas, muelles y diques. Su arquitectura, fruto de su época, articula formas triangulares y escalonadas. Hormigón, acero y aplacados. Diagonales y tangentes se reproducen en plantas pero también en alzados. Las distintas topografías y su conexión se complementan con pérgolas y estructuras de sombra que cosen la intervención y, aún a día de hoy, son uno de los elementos urbanos más representativos de la ciudad.
Nanclares y Ruiz son también autores de otras intervenciones de gran relevancia urbana en la región, desde la Reforma del área de la Puerta de la Villa a la Rehabilitación de la Zona Arqueológica (Torre del reloj y Muralla Romana) y Edificio para Archivo Municipal de Gijón, y obras de rehabilitación de centros culturales de referencia como el Teatro Jovellanos o el Campoamor, en Oviedo, o la Rehabilitación de la antigua Fábrica de Curtidos Maribona para Centro de Empresas, en Avilés, un proyecto de 1989.
En Avilés haremos una parada rápida en el Laboratorio de Controles e Investigación Aplicada de Cristalería Española, un encargo que el arquitecto vigués Manuel Aymerich Amadiós recibió en 1962, y que tenía el objetivo de dotar al complejo industrial de un edicio deficado al desarrollo, al control y la investigación de su producción. En el volumen paralelepipédico de estructura de acero, modulado en 3,5x3,5m, destaca la singular escalera de caracol, exenta y totalmente acristalada. No podía ser de otra manera.
Nos separamos de la costa para serpentear hasta Cangas del Narcea por la carretera AS-15. Allí, nos encontramos con la obra del arquitecto José Gómez del Collado. Una figura seguramente lateral en la historia de la arquitectura nacional, llevó a cabo los que son, sin duda, algunos de los trabajos más experimentales de los años sesenta y setenta en todo el norte del país.
Estudiado generosamente por el también cangués José Ramón Puerto, llevó a cabo la mayor parte de su trabajo en su pueblo natal. En Pinto, Madrid, había proyectado un sistema industrializado para la construcción de mil viviendas. Problemas de financiación impidieron la materialización del proyecto de la capital, pero Gómez del Collado implementó su sistema PANAL en cuatro edificios de Cangas. En la Calle Uría, en 1968, el sistema industrializado define su fachada, las piezas permitían resolver el cerramiento de las terrazas, la instalación de jardineras de fibrocemento y la de las placas acrílicas de colores vivos que acababan dando la imagen al edificio.
En sus Viviendas de Renta Limitada, de 1971, de Fueyo, también en Cangas, plantea unos esquemas de vivienda colectiva que se adaptan a la topografía existente, disponiendo los garajes y carboneras en las plantas bajas. Los bloques se recubren completamente con placa de fibrocemento que destaca por su color burdeos. En su propia Vivienda, de 1973, con una imponente estructura de hormigón que vuela sobre el valle del Narcea, vuelve a utilizar el mismo material para resolver fachada y cubierta.
Aún más arriba, todavía en la AS-15, llegamos a Fondodevilla, en Ibias, casi en el punto que define el encuentro entre Asturias, Lugo y León. Allí, en 1994, la arquitecta Gloria González Baschwitz finalizó su proyecto de 22 viviendas de protección oficial. La arquitecta había redactado, entre 1989 y 1995, el “Plan de erradicación del chabolismo en Asturias”, recientemente reivindicado por Ana María Fernandez Garcia y Estrella Fernandez Gutiérrez en Mujeres y arquitectura en una España en transición, 1962-1999, coordinado por Lucía C. Pérez Moreno.
Continuamos acompañando al río Ibias hasta su confluencia con el Navia. Allí nos encontramos con la Central y Salto de Salime (1956), obra del arquitecto y escultor Joaquín Vaquero Palacios con la colaboración de su hijo, el artista Joaquín Vaquero Turcios. El complejo se creó en el marco de otros proyectos que tenían como objetivo el aprovechamiento de los ríos del Cantábrico para servir a la industria siderúrgica, en pleno apogeo. Salime constituyó uno de los trabajos de ingeniería, arquitectura y muralismo más importantes de mediados de siglo XX, requiriendo, como muchas otras infraestructuras de la época, anegar pueblos y terrenos para la construcción del embalse, y el consiguiente desplazamiento de comunidades humanas y no humanas. El calibre de la obra requirió hasta de la construcción de un teleférico para el transporte del clínker desde el puerto de El Espín y se calcula que se emplearon casi 700.000m3 de hormigón para su construcción, consiguiendo hasta un récord de volumen hormigonado en un solo día.
Más abajo, la Central Hidráulica de Silvón (1958), en Doiras, también se construyó en el marco del aprovechamiento de las aguas del río Navia. Obra del también cangués — y, curiosamente, primo de Gómez del Collado— Ignacio Álvarez Castelao junto al ingeniero Juan José Elorza González, su nave principal es una suerte de catedral industrial: los muros de hormigón laterales dirigen la mirada hacia la gran vidriera de su cabecera, obra del artista Antonio Suárez. En la sala de máquinas destaca, también, la gran grúa puente que descansa sobre las turbinas y el resto de elementos de su interiores, también diseñados por el propio arquitecto.
Aguas abajo, nos topamos con la Central de Arbón (1969), diseñada también por Álvarez Castelao junto con el ingeniero Elorza. Aquí, la sucesión de bóvedas de hormigón enriquece la entrada de la luz natural. El arquitecto había sido también el encargado de diseñar las Viviendas para los trabajadores de la Central (1968), en Navia, con el fin de dar servicio a los empleados de las centrales. Estas viviendas fueron construidas en la década de los años sesenta, en dos fases diferentes, y destacan por el cuidado planeamiento de los espacios públicos y privados, mediante la creación de un patio ajardinado para disfrute comunitario.
En A Mariña Lucense, a orillas de la playa de Benquerencia, encontramos la traza del antiguo Grupo Escolar Residencial de Benquerencia. Construido entre 1972-1976 y proyectado por el arquitecto Andrés Fernández Albalat fue un encargo de la Caja de Ahorros de Galicia con un programa variado: centro de educación general básica, escuela de formación femenina, colonias veraniegas, cursillos, campamentos, convivencias. Estaba destinado, sobre todo, a la juventud rural de la zona. Se resolvió con un gran volumen de hormigón visto, robusto y resistente a las inclemencias del tiempo, que articulaba un programa complejo a través de espacios cerrados y áreas de relación y circulación abiertas. Fue demolido en 2002 por el Ministerio de Medio Ambiente, al situarse dentro de la zona de dominio público.
A escasos metros, en la siguiente playa, la de San Cosme de Barreiros, encontramos una pequeña obra del arquitecto monfortino Carlos Meijide. Se trata de una Vivienda unifamiliar de dimensiones reducidas, pensada para estancias cortas. De planta rectangular, la luz se cuela a través de los lucernarios que se levantan en la cubierta de chapa plegada. Destacan dos ventanas correderas que rompen las esquinas, con el objetivo de no interrumpir la visión, protegidas por contraventanas de madera.
A apenas 25km de la ría de Foz, llegamos al municipio de Cervo. Aquí, en la parroquia de Sargadelos, encontramos la fábrica del proyecto del mismo nombre. Fundada a finales del s.XIX, esta manufactura de cerámica y porcelana vivió décadas de esplendor hasta que, a mediados del s.XX, el artista e intelectual Isaac Díaz Pardo, junto al Laboratorio de Formas, restauraron el proyecto del complejo industrial y cerámico. En 1968 iniciaron las pruebas en una pequeña planta experimental y en 1970 se inauguró el edificio de la fábrica, proyectado junto a Andrés Fernández Albalat, que hoy reconocemos. La propuesta buscó la creación de una producción artística e industrial reconocible dentro de la cultura gallega, basada en el estudio de la producción artística y cultural desde la prehistoria hasta las vanguardias, y se consolidó a partir de 1970 con la creación del Seminario de Estudios Cerámicos.
Y llegamos al final de nuestro viaje. Antes de pisar el Cabo Ortegal, en Ortigueira, el accidente geográfico que define la frontera ficticia entre las aguas cantábricas y atlánticas, encontramos la rehabilitación del Teatro da Beneficencia, en Santa Marta de Ortigueira. Obra de los arquitectos Rafael Baltar Tojo, Carlos Almuíña Díaz, Gerardo Salvador Molezún y José Antonio Bartolomé Argüelles, la intervención consistió en la adecuación de la platea y los palcos, y una intervención mayor en la escena, la retroescena y espacios para vestíbulos, relación y accesos verticales de público, creando un taller, camerinos y locales de aseo.
Este heterodoxo viaje hace paradas en arquitecturas menores, paradigmáticas, silenciosas o radicales, casos que están, en algunos casos, fuera de la atención de las historias de la arquitectura, lejos de escuelas de pensamiento e inercias disciplinares. Pueden, sin embargo, constituir laboratorios y notas al margen con los que completar otra suerte de relato nacional.



