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Itinerario
A menudo observamos la arquitectura a través de imágenes de “estados acabados”, como si fueran espacios escultóricos, pero detrás de ellas se han movido muchos procesos, ideas, personas y, en algunos casos, incluso modelos de gestión. Por otro lado, podemos decir el diseño del espacio no se acaba con una obra terminada. Es ahí cuando empieza a ser habitado por seres humanos, y no humanos, posibilitando actividades, relaciones e interacciones en espacios que antes no existían, estaban en desuso o se encontraban degradados. Y es que la arquitectura tiene una función social ineludible que le da sentido en un contexto y una época, respondiendo a unas necesidades sociales y ambientales que, en este momento, ya no podemos seguir dejando para después.
Algunas arquitecturas, que todavía suelen ser pequeñas, se paran a repensar para qué, cómo y dónde se gestan, movilizando procesos situados y participados que desvelan una práctica comprometida con su entorno y circunstancias. Poner en valor estas capas de la tramoya arquitectónica permite entender la complejidad intangible que existe detrás de su materialidad. Otras arquitecturas, normalmente de mayor escala, no han tenido la oportunidad —o las condiciones— para abrir sus procesos de invención y trascender al propio autor o autora, pero son capaces de generar nuevas posibilidades sociales y encuentros en espacios que vuelven a ponerse en relación con quienes los habitan. Aquí la arquitectura de autor y/o de autora tampoco ha olvidado su función social y ambiental cuando comienza su vida, cuando comienza a habitarse.
Con frecuencia, el debate arquitectónico se plantea desde una lógica de dualismos que enfrenta la autoría con la participación, como si una anulase necesariamente a la otra. Sin embargo, abrir los procesos de diseño y construcción no implica renunciar a la calidad, ni al papel del arquitecto o arquitecta, sino que amplía su capacidad para integrar conocimientos, condicionantes y demandas diversas. En muchos casos, las iniciativas más innovadoras ni siquiera parten de un concurso o de un encargo convencional, sino de la observación y escucha atenta de una realidad concreta y de la colaboración entre diferentes agentes y entidades. Son proyectos que nacen de necesidades que evolucionan incorporando personas, recursos, tiempos y condiciones específicas, aunque precisamente por ello suelen encontrar mayores dificultades para acceder a los mecanismos habituales de financiación pública. Quizás de ahí venga parte de este interés por las “pequeñas arquitecturas”, por los resquicios que encuentran para ubicarse como arquitecturas atendiendo a realidades emergentes.
Itinerario comisariado por
Eva Morales Soler
Arquitecta (2001), Doctora en Arquitectura por la Universidad de Sevilla (2017) con Mención Internacional (TU Delft). Máster en Investigación Social Aplicada al Medio Ambiente, especialidad en Antropología Ambiental, UPO (2013). Especializada en Habitabilidad Básica. Cátedra UNESCO, UPM (2010). Profesora Contratada Doctora del Área de Proyectos Arquitectónicos en el Departamento de Arte y Arquitectura de la Universidad de Málaga. Su trabajo se ha centrado en diseño abierto, la puesta en uso de espacios vacíos, la ciudad de los cuidados, innovación y mejora de entornos educativos, procesos colectivos de vivienda e innovación docente en arquitectura. Ha dirigido y participado en diversidad de proyectos de investigación aplicada vinculados con la vivienda y el habitar. Forma parte de COTIDIANA.
Cristina Alba
Es doctora arquitecta, investigadora, consultora bioclimática y docente universitaria. Su trayectoria se ha especializado en la aplicación del conocimiento científico al diseño arquitectónico y urbano, con especial atención a las estrategias pasivas de acondicionamiento, la ventilación y la refrigeración natural en climas cálidos. Ha participado en proyectos de arquitectura, consultoría ambiental e investigación aplicada en España, Portugal, Latinoamérica y Arabia Saudí. Compagina la práctica profesional con la docencia en la Universidad Pablo de Olavide y la Universidad de Sevilla. También ha impartido docencia de doctorado en la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho, en Bolivia. Su trabajo conecta arquitectura, ciencia y participación para promover entornos más habitables y adaptados al cambio climático. Forma parte de COTIDIANA.
Medios de transporte
En este sentido, recientemente hemos tenido la experiencia de vivir paralelamente dos procesos arquitectónicos bien distintos que nos han inspirado para abordar este itinerario. Por un lado, en Cotidiana hemos colaborado durante cinco años de la Red Planea de Arte y Escuela, impulsada por Zemos 98 como nodo mediador de la red en Andalucía, desarrollando prácticas didácticas para la mejora de espacios educativos, metiéndonos en el aula para integrar nuevos conocimientos desde los que repensar los espacios educativos y sus entornos atendiendo a la perspectiva bioclimática y convivencial. Para ello, implementamos programas docentes, diagnósticos participados, co-diseños y participación en la construcción de prototipos, integrando a los equipos docentes, comunidad de aprendizaje y al estudiantado de colegios e institutos públicos de Andalucía. Programas situados e integrales, pero que han contado con bajo presupuesto para las intervenciones de mejora, pues las entidades que los impulsan no tienen recursos suficientes, ni son quiénes deben atender a estas mejoras de equipamientos públicos.
En concreto, Mi tercera piel ha sido un programa didáctico-artístico que ha trabajado en la mejora del patio del CEIP Huerta de Santa María desde la perspectiva bioclimática y emocional, implementando para ello un diagnóstico, diseño y construcción participada de un espacio-refugio elaborado con telares tejidos por todas las aulas del centro educativo. Esta pequeña intervención parte de la necesidad de contar con otro tipo de rincones que fomenten el encuentro y permitan realizar actividades tranquilas, frente a la actividad desenfrenada de los patios de colegio, un refugio propio para el descanso. Rincones que cuidan, en el mismo centro educativo, ha co-diseñado una grada para permitir tener aulas y encuentros colectivos al aire libre, aprovechando una sombra existente en el patio del centro educativo.
Paralelamente, en el CEIP Marie Curie en Sevilla hemos intervenido en la mejora bioclimática de los espacios exteriores del centro, en una estrategia de quitar hormigón del patio, introduciendo suelos porosos de tierra para reducir la isla de calor urbana, y colocando una gran pérgola para realizar deporte al aire libre, con la necesaria protección solar que requieren estas latitudes. Un proyecto que tiene un procedimiento de contratación pública que no concibe ni contacto con el equipo docente ni, por supuesto, con las niñas y niños. Diseñado desde una lógica de escucha de cómo puede vivir la infancia los espacios de recreo, pero con una ausencia total de contacto: éstos no participan ni se apropian del proceso de creación ni aprendizaje a partir de la intervención.
Estas dos experiencias coetáneas nos hacen preguntarnos cómo podríamos concebir procesos participados integrales para que sean la base de intervenciones de mayor calado. Para ello sería imprescindible flexibilizar los procesos de contratación pública, e incluso privada, sin perder transparencia y libre concurrencia, permitiendo la incorporación de agentes que identifiquen realidades concretas y situadas en los entornos que habitamos; así como integrar en nuestra formación como arquitectos y arquitectas decisiones e intereses de las personas que habitan “nuestra obra” sin necesidad de entenderlo como una pérdida de control y calidad arquitectónica. Todo ello en una búsqueda por focalizar demandas, aprendizajes y recursos más adaptados a las personas, la comunidad y a el clima, donde el diseño, la forma, materialidad y los procesos de producción de la arquitectura sean parte inherente del qué, cómo, con quién y para quién.
Este itinerario reúne arquitecturas andaluzas que representan distintas formas de entender la relación entre procesos, materialidades y formas de habitar. Desde contextos y escalas diversas, todas ellas responden a necesidades concretas y ponen en valor un territorio complejo, donde la escasez de recursos ha impulsado respuestas especialmente creativas. Gracias al testimonio de sus autores y autoras, el recorrido pretende revelar aquello que las imágenes rara vez muestran: las historias, vínculos, decisiones y aprendizajes que sostienen la arquitectura y que constituyen, en última instancia, una parte esencial de su belleza.
Empezamos en las afueras de Sevilla con la Nave Agrícola de Bioalverde, una infraestructura de unos 850 m² destinada a apoyar la actividad agroecológica y de inserción sociolaboral de personas en situación de vulnerabilidad. Surge de la colaboración entre Bioalverde, iniciativa promovida por Cáritas Diocesana de Sevilla, y Recetas Urbanas, ante la oportunidad de desarrollar un proceso arquitectónico en el que la construcción, además de levantar un edificio, generara nuevas capacidades, relaciones sociales y experiencias compartidas de aprendizaje.
Han participado más de 700 personas, entre alumnado de universidades e institutos, asociaciones, entidades sociales, voluntariado y personas vinculadas a los programas de formación de Cáritas. Para ello, el sistema constructivo ha sido concebido para poder ejecutar manualmente una nave de gran escala -estructura de madera de 22 metros de luz y cerchas de 3 metros de canto- haciendo compatibles los requisitos estructurales con los tiempos de aprendizaje y la participación de personas sin experiencia previa.
La nave combina madera, acero y hormigón con elementos reutilizados, e incorpora medidas como la producción fotovoltaica, grandes aleros para aprovechar la iluminación natural y sistemas de gestión de residuos. Pero quizás lo más interesante haya sido que la sostenibilidad aquí no se limita al comportamiento ambiental del edificio. Detrás de esta nave agrícola hay cientos de personas, materiales reutilizados y aprendizaje compartido generado durante la ejecución de la obra que ha ofrecido oportunidades de formación e inserción laboral a personas a partir del propio proceso.
Actualmente la nave reúne buena parte de la actividad de Bioalverde para el desarrollo de su actividad agrícola, albergando espacios de trabajo, almacenamiento, primera transformación y apoyo logístico. Al mismo tiempo, continúa funcionando también como lugar de formación y encuentro. Construir el edificio ha sido también una manera de construir relaciones y capacidades, una herramienta clara de transformación social.
De aquí nos vamos Bibliokepos, un proyecto impulsado por Nomad Garden en 2023, que replantea la red de bibliotecas públicas de Sevilla como infraestructuras de adaptación al cambio climático y espacios de cuidado colectivo, con el diseño de “dispositivos que operan como topografías que fomentan el encuentro entre personas, libros y plantas, generando nuevos paisajes en el interior de las bibliotecas”.
Estos dispositivos se han diseñado mediante un proceso de co-creación, con comunidades de usuarios, creadores, así como arquitectos y arquitectas, profesores y estudiantes de la ETSAS y el equipo del FabLab de la Universidad de Sevilla. “Unos dispositivos de madera ensamblada, sin tornillería, realizada con diseño paramétrico que sirve no sólo como infraestructura, sino como biotopo con especies vegetales que filtran el aire en el interior de las bibliotecas” y generan nuevas situaciones dentro de las salas.
Más allá de la intervención física, Bibliokepos amplía el papel de la biblioteca como espacio de aprendizaje y acción climática mediante una colección bibliográfica especializada, actividades culturales y encuentros entre ciudadanía, investigadores, artistas y colectivos sociales. El proyecto demuestra que la arquitectura puede actuar como catalizador de nuevas formas de habitar los equipamientos públicos, integrando sostenibilidad ambiental, innovación tecnológica, conocimiento compartido y participación ciudadana para afrontar los desafíos del cambio climático.
Nos vamos ahora a Málaga, a Smart City Kids, un proyecto de investigación y diseño arquitectónico que replantea los espacios destinados a la primera infancia (0-3 años), desde la interrelación entre la investigación, la creatividad y el aprendizaje. Desarrollado por Nerea Salas Martín, Ferrán Ventura y la colaboración de Candela García Huber, ha contado con la financiación del Vicerrectorado de Smart Campus de la Universidad de Málaga y el apoyo de un equipo transdisciplinar. Plantea espacios para el juego, el aprendizaje, el descanso y los cuidados en el entorno de la Facultad de Ciencias de la Educación.
La propuesta se desarrolla como una investigación aplicada, observando cómo los niños utilizan el espacio incorporando cuestiones que normalmente quedan fuera del diseño de estos lugares: sombra, vegetación, accesibilidad, descanso, lactancia o relación entre las diferentes edades, y culmina con la construcción de un prototipo abierto a la comunidad. Se organiza mediante siete módulos configurables que combinan áreas de juego, aprendizaje, descanso, higiene, relación y apoyo a la conciliación familiar, adaptándose a distintos contextos urbanos.
Forma parte de una línea más amplia de investigación de la UMA sobre espacios educativos exteriores y ha ido construyéndose a través de otros prototipos y experiencias de uso, de manera que el espacio no se entiende como algo completamente cerrado el día que termina la obra. Además de su uso cotidiano por la comunidad universitaria y la escuela infantil, el espacio continúa funcionando como laboratorio docente e investigador, demostrando cómo la arquitectura puede contribuir al aprendizaje, los cuidados y la detección temprana de necesidades en la infancia.
Volvemos a Sevilla, a la planta de Oncología Infantil del Hospital Virgen del Rocío, con el proyecto Aladina del estudio Curtidores. La intervención entiende la arquitectura como vehículo para mejorar el bienestar, la salud y el acompañamiento emocional de los niños y niñas hospitalizados. La intervención no se limita a las habitaciones, incluye también la escuela, los espacios comunes, el patio exterior y un pabellón de descanso para padres y madres, entendiendo la unidad hospitalaria como un todo, incorporando para ello criterios de accesibilidad, calidad ambiental y habitabilidad.
El proyecto propone un "interior-exterior” a través de los sentidos: las habitaciones a microjardines en los patios, que hacen de espacios de relación y juego y, a su vez, este espacio interior se abre al mundo a través de un relato gráfico inspirado en la primera vuelta al mundo de Magallanes. De esta manera, niños y niñas, convierten su estancia hospitalaria en un viaje de exploración donde cada habitación representa una etapa del recorrido y está vinculada a paisajes, animales y culturas de distintos continentes. La cama se convierte así en una nave desde la que descubrir el mundo.
El diseño hace especial atención a las condiciones físicas del espacio mediante materiales bactericidas naturales, para generar una atmosfera saludable con materiales como la cal, el cobre y la madera, desde la mirada de la mejora general de accesibilidad, confort y calidad ambiental. Este proyecto muestra cómo la arquitectura puede humanizar los entornos sanitarios, favoreciendo el bienestar físico y emocional de los pacientes infantiles, modificando la experiencia cotidiana y favoreciendo la imaginación.
De Sevilla vamos a Granada, a Gójar, donde Javier Castellano, Tomás García Píriz y Macarena de Hoyos, intervienen en la Plaza de la Constitución y su entorno, con una estrategia de sutura urbana, para devolver al centro histórico la vida cotidiana de sus habitantes. Para ello, recuperan las continuidades perdidas entre la calle Iglesia, edificios representativos, flujos hídricos y microhistorias populares, actualizando la identidad rural del municipio desde una mirada contemporánea.
No plantea una plaza completamente nueva, sino una intervención que trabaja con las cotas, los recorridos y las huellas que ya existían, convirtiendo las diferencias de nivel en un espacio de marcado carácter escénico que se transforma con el encuentro de la ciudadanía en distintos momentos de la vida pública, en un teatro al aire libre. Poniendo así en valor la memoria del lugar, de sus antiguos recorridos y de elementos como el agua y el abrevadero, consagrando un patrimonio intangible de alto valor sociocultural y sensorial.
Se ha realizado un estudio del lugar, de los hábitos de sus habitantes, así como un trabajo de documentación, aunando la colaboración de historiadores, entrevistas a vecinos y vecinas, así como los relatos de personas relevantes del municipio. Esta mirada retrospectiva, ha sido clave para tomar la decisión de eliminar muros de contención realizados a finales del pasado siglo.
Bancales, rampas, terrazas y escalinatas construyen una nueva topografía que permiten que el espacio pueda ser recorrido por personas con distintas capacidades, pero también que pueda ser ocupado de diferentes maneras. La plaza deja de ser únicamente una superficie de paso y aparecen lugares para sentarse, encontrarse o celebrar. En este sentido, la accesibilidad no se resuelve como una cuestión añadida al final, sino que termina afectando a la propia configuración espacial del conjunto. Una obra que actúa como un dispositivo de memoria.
Seguimos en la provincia de Granada. Ahora nos vamos a Loja, donde la Ruta de los Miradores nos propone la transformación de espacios degradados del entorno del municipio en un recorrido urbano que invita a descubrir la ciudad desde una perspectiva territorial y, a la vez, cotidiana. Un proyecto realizado por Jose Luis Muñoz y Tomás García Píriz que propone más que un conjunto de miradores, una red de pequeños lugares de encuentro —balcones, plazas y rincones— que conectan paisaje, historia y vida cotidiana. Cada parada está dedicada a un personaje vinculado a Loja y, mediante la disposición de bancos, pavimentos, iluminación y otros elementos, orienta la mirada hacia los demás miradores, creando un diálogo continuo entre ellos. Ha sido impulsado por el Ayuntamiento de Loja, con financiación europea, y ha contado para su desarrollo con un equipo multidisciplinar en estrecha colaboración con el vecindario, cuya participación ha resultado clave para adaptar cada intervención a las necesidades las personas que habitan y transitan en estos espacios.
El proyecto trabaja con lugares que ya tenían esa condición de observación, pero que adquieren otra lectura cuando se conectan entre sí, focalizando el patrón de direcciones que permite relacionarse con el resto de miradores. El Mirador de Isabel de Castilla, el de la Alcazaba, el del Pedestal o el de Pucará, entre otros, componen una secuencia que obliga a recorrer Loja de otra manera. No se trata únicamente de llegar a un punto, la estancia, el encuentro y el recorrido, son parte de la experiencia que permite ir descubriendo la organización de la ciudad y su entorno sobre sus distintas cotas.
Seguimos en la provincia de Granada, nos vamos ahora a municipio de Santa Fe, donde Serrano + Baquero trabajan sobre el antiguo Colegio Nacional Reyes Católicos para convertirlo en biblioteca municipal al mismo tiempo que recuperan la relación del edificio con el paisaje histórico de la Vega de Granada: Donde cantan las acequias y crecen los chopos.
Con una intervención que transita desde la pregunta ¿qué podría eliminarse, recuperarse o abrirse para que el edificio volviera a relacionarse con su entorno y adquiriese una nueva condición pública? no sólo recuperan el edificio para convertirlo en una nueva infraestructura cultural, sino que devuelven al lugar el agua que estaba bajo el asfalto, a través de la acequia y recuperan sombras y vegetación a través de la chopera: elementos que ya habían caracterizado históricamente a la Vega como infraestructuras propias del paisaje.
El proyecto ha estado financiado con fondos europeos y la Diputación de Granada, si bien únicamente contemplaba la intervención del edificio y, en el proceso, se ha conseguido renunciar al aparcamiento y, en su lugar, realizar un espacio colectivo de lectura y convivencia sobre las trazas recuperadas de un pasado agrícola. La recuperación arquitectónica sirve de antesala para mejorar la biodiversidad, el comportamiento ambiental del conjunto y el sobrecalentamiento de la antigua zona asfaltada.
La biblioteca se convierte en algo más que un edificio para guardar y leer libros de manera individual. Permite además realizar actividades colectivas, talleres y situaciones informales de encuentro, dentro y fuera del edificio, ya que la continuidad entre el edificio y el territorio facilitan la convivencia de actividades en torno al espacio biblioteca. Recuperar la relación con el agua, la sombra y el espacio público, permiten que la lectura, el encuentro y la permanencia se puedan producir también bajo los árboles y junto al agua.
Terminamos en los alrededores de la ciudad de Granada, en La Zubia, en una zona desestructurada, entre infraestructuras agrícolas, ruinas contemporáneas y polígonos industriales, donde Tomás García Píriz y Elisa Enríquez de Luna transforman el aparcamiento de la Sala Industrial Copera en un espacio escénico al aire libre. Surgido como respuesta a las restricciones impuestas por la pandemia del Covid-19, se ven con la necesidad de mirar el entorno que rodea la sala de otra manera y transformar el antiguo aparcamiento en espacio escénico entre la Vega y el polígono industrial, pasando a llamarse El Jardín de la Copera.
La propuesta trabaja con materiales y elementos que pertenecían ya a ese entorno industrial, combinándolos con vegetación para construir un paisaje que no pretende parecer un jardín convencional. El programa se organiza alrededor de un patio que puede funcionar como escenario, pista de baile o lugar de reunión, mientras arriba aparece un palco que mira hacia él y donde la escalera que conecta los dos niveles funciona también como mueble de apoyo para la barra.
Lo que empezó como una respuesta a una situación excepcional, ha terminado abriendo una nueva vida para la sala incorporando el jardín, ampliando su capacidad y las posibilidades de programación de La Copera, que está siendo destino obligado del sector musical de Granada durante los fines de semana. Si bien mantiene algo de aquella condición inicial de espacio improvisado, ofrece ahora además una enorme flexibilidad de programación respecto a su estado original. Entre la industria y la Vega, entre lo construido y lo vegetal, aparece una arquitectura que no intenta decidir demasiado de qué lado está, y probablemente no tenga por qué hacerlo.
En este itinerario hemos querido mostrar el trabajo minucioso, consciente, comprometido y cuidado de unas arquitecturas situadas, cada una a su forma, donde la gestación, diseño, gestión, construcción y vida útil, son elementos importantes visibilizar para entender qué nuevos habitares propone. Arquitecturas como procesos, más que como objetos acabados y cerrados. Arquitecturas pensadas desde la infancia. Arquitecturas entendidas como infraestructuras sociales para abrirse a la inclusión, al refugio climático, al juego, a los cuidados, al ocio, o al encuentro. Arquitecturas que han trabajado para la puesta en valor del territorio, donde el paisaje ha sido material esencial de proyecto. Arquitecturas donde la materialidad y su condición situada y ecológica ha sido repensada, y se ha entendido el clima como oportunidad de diseño. Arquitecturas como espacios públicos que proponen lugares de cuidado colectivo, nuevas maneras de habitar y donde la memoria ha sido una herramienta proyectual. Arquitecturas donde las personas y agentes intervinientes han participado en diferentes grados y nos propone repensar la labor del arquitecto y las arquitectas, como investigadores, mediadores, pedagogos, gestores, activadores sociales, intérpretes del paisaje y/o facilitadores de procesos y, por lo tanto, nos invita a trabajar con equipos transdisciplinares.
Terminamos lanzando algunas preguntas al debate que nos mantiene despiertas y con ganas de dialogar ¿Cómo ampliar el papel del arquitecto y arquitecta, abriendo los procesos de diseño, sin renunciar a la calidad arquitectónica? ¿Puede la arquitectura repensar su sistema productivo y de generación de nuevas realidades además de diseñar espacios? ¿Cómo incorporar el clima y el paisaje como materiales de proyecto de manera intrínseca e integral? ¿Qué nuevas formas de habitar aparecen cuando el diseño deja margen para la apropiación?



