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Itinerario
Condiciones como firmeza o prevalencia han estado, históricamente, ligadas a la producción arquitectónica. Los marcos legales que fijan las relaciones entre objeto construido y suelo a través de la propiedad han definido, en gran medida, los imaginarios y marcos conceptuales con los que enfrentamos la producción espacial. Las leyes de la estática atraviesan todo el conocimiento estructural vinculado a la cultura arquitectónica, mientras la dinámica queda fuera. Y, sin embargo, vivimos en entornos en continua transformación; algunos elegidos monumentos históricos se conservan y mantienen durante siglos, mientras que bulldozers en solares de ciudades en distintas geografías se preparan para demoler y volver a levantar edificios nacidos para responder a nuevas necesidades.
¿Cómo sería una historia de la arquitectura que atendiera a los objetos en movimiento? El historiador sueco Tim Anstey propone, en Things That Move, una ambiciosa historia de la arquitectura contra la permanencia, desde interpretaciones más metafóricas, como la idea del “decoro” y sus conexiones con las nociones de autoría, hasta lecturas más literales que atienden a la movilidad de las arquitecturas e infraestructuras desde el siglo XVIII a nuestro presente.
Itinerario comisariado por
Pablo Ibáñez Ferrera
Comisariado web, la Casa de la Arquitectura
Antonio Giráldez López
Comisariado web, la Casa de la Arquitectura
Diego Morera Sánchez
Comisariado web, la Casa de la Arquitectura
Medios de transporte
Quizás esta concepción dominante esté condicionada por nuestra herencia cultural o por la estrechez de nuestras miras. Todos guardamos en nuestra retina imágenes de familias estadounidenses trasladando sus casas entre estados con la ayuda de camiones que apenas libran la anchura de puentes y carreteras secundarias. O las famosas historias del desplazamiento de viviendas hasta la pequeña isla de Chiloé, en Chile, a través de la práctica comunitaria de la minga. En nuestro país también podemos reconstruir una historia, alternativa y fragmentaria, de arquitecturas que cuestionan la permanencia, desde el s.XX hasta nuestros días. En este recorrido, nos centraremos en las que sirven como escenarios para la cultura y las formas en las que estas instituciones se despliegan, ocupan o parasitan, transformando temporalmente los ambientes y climas en espacios heterogéneos.
Instituciones itinerantes. En los albores de la modernidad nacional, la propuesta educativa de la Segunda República (1931-1936) puso en marcha un ambicioso programa, las Misiones Pedagógicas, que perseguían llevar la cultura a territorios rurales o alejados de los centros de atención institucional. Este programa contaba con una importante red de programas educativos, de cine, y bibliotecas o teatros ambulantes. Quizás, el más famoso fue el grupo universitario de teatro La Barraca, dirigido por García Lorca, que nació con el objetivo de llevar el teatro nacional clásico por la geografía española. El proyecto contó con la participación de artistas y escenógrafos, además de estudiantes de arquitectura.
Dentro de estas iniciativas también destacan grupos como el Teatro del pueblo, compañía dirigida por el dramaturgo Alejandro Casona o el Coro del Pueblo, iniciado por el también asturiano Eduardo Martínez Torner. El propio Casona reconocería que, mientras la iniciativa de Lorca llevaba el teatro a pueblos y ciudades donde ya se conocía, el Teatro del pueblo se enfrentaba a públicos que desconocían incluso lo que era el teatro, lo que se correspondía con montajes más sencillos en escenografía, arquitectura o vestuario.
Este es uno de los casos de estudio explorados por la arquitecta e investigadora Marina Otero Verzier en su tesis Instituciones evanescentes: consideraciones políticas sobre la arquitectura itinerante, que analiza las arquitecturas transportables que ocupan temporalmente espacios públicos y privados, y que estudia las implicaciones políticas y las posibilidades de estas construcciones ambulantes, en concreto las que sirven y representan a instituciones culturales y económicas.
Durante el franquismo, destaca el trabajo en el país del arquitecto murciano Emilio Pérez Piñero. Su Teatro Ambulante para Festivales de España, un encargo del Ministerio de Información y Turismo, buscaba albergar 1.800 butacas a través de la yuxtaposición de dos cúpulas reticulares macladas. El proyecto se inauguró en la Plaza de María Pita, en A Coruña, en el verano de 1966, y posteriormente itineró por varias ciudades de España. Como cuenta el artista David Bestué, su parada en L’Hospitalet de Llobregat fue polémica y, finalmente, se instaló en la feria comercial Tecnova, en Madrid, en 1978.
Este proyecto fue a su vez el germen de su famoso Cinerama, un concepto y patente que mejora el proyecto del teatro y que se desplegó hasta en los Estados Unidos. Esta cúpula reticular de directriz esférica, de 34 metros de diámetro, era capaz de transportarse en cinco o seis camiones –estructura de la cúpula, lonas y elementos auxiliares, suelo y butacas-.
Otros proyectos de Pérez Piñero, como el Pabellón de Exposiciones 25 años de Paz, que irónicamente celebraba los veinticinco años de régimen franquista tras la victoria del levantamiento militar, fueron verdaderos laboratorios arquitectónicos y técnicos a nivel global. Este era el primer edificio, de hasta 8000m2, construido en su totalidad con estructuras desplegables de aluminio, y se podía desmontar en tanto solo siete días. ¡Más de mil metros cuadrados diarios!
En esta tradición, nos viene rápido a la mente el proyecto de Teatro Móvil del arquitecto Javier Navarro de Zuvillaga, recuperado y reivindicado recientemente por la investigación y libro de Fernando Quesada. El proyecto de este arquitecto madrileño, realizado entre 1970 y 1971 como trabajo académico en la Architectural Association de Londres, planteaba un dispositivo escénico repartido en distintos camiones y montable en seis horas, que podría desplegarse en cualquier lugar de la ciudad para transformar repentinamente sus condiciones espaciales.
El tardofranquismo y la apertura del país a las nuevas sensibilidades sociales y estéticas globales también se hizo evidente en los programas arquitectónicos y culturales del inicio de los años setenta. Coincidiendo con el Congreso del International Council of Societies of Industrial Design, que se celebró en Ibiza en octubre de 1971, Carlos Ferrater, Fernando Bendito y Jose Miguel de Prada Poole diseñaron en unos terrenos junto al mar en la Cala San Miguel la Instant City, una ciudad neumática formada por módulos de habitaciones, áreas de circulación y espacios comunes. La Instant City constituyó un importante ejercicio de imaginación, conducida por un conjunto de jóvenes arquitectos que dieron indicaciones a asistentes de distintas partes del mundo para levantar esta ciudad temporal de cloruro de polivinilo y grapas.
Cultura libre y arquitecturas parásitas. Los años que pasan entre la emergencia de la cultura libre y la crisis de 2008 son también un lugar de experimentación para arquitecturas e iniciativas espaciales que experimentan con lo móvil, lo parasitario o lo temporal. Ya sea en procesos desde abajo, iniciados por la ciudadanía, o propuestas más institucionales,
En esta tradición destaca el trabajo pionero de Recetas Urbanas, el proyecto surgido del ecosistema de la Casita, iniciado por Santiago Cirugeda en Sevilla y que hoy dirige junto a Alice Attout. El trabajo de la práctica aborda temas como la ocupación y la intervención urbana, y se desarrolla en ocasiones en forma de “prótesis urbanas”, formas parasitarias de entender la intervención que permiten la maximización de condiciones espaciales, apoyándose en ocasiones en grises legales y oportunidades administrativas.
Desde finales de los años noventa, iconos como el Andamio o Kuvas S.C surgen de la oportunidad posibilitada por la ley para ampliar el espacio de una vivienda o generar un equipamiento público lúdico y temporal. Otros como las Arañas son dispositivos de mayor calado que se asientan sobre espacios urbanos para crear nuevas condiciones y sombras sin condicionar la actividad a ras de suelo. O la Casa Rompecabezas, un prototipo de ocupación temporal y legal de solares en desuso a través del alquiler temporal del suelo.
Propuestas como las del Cinema Usera, que reúne a varios agentes culturales del barrio madrileño junto al colectivo de arte y arquitectura Todo por la praxis, construyen una infraestructura cultural temporal. Este conjunto, formado por una cápsula, un depósito horizontal, un espacio escénico, y unas gradas y un sistema de sound system, amplifica y da soporte a la red de agentes culturales locales, invitando a usos informales y espontáneos. En Euskadi, el Har etxea –en euskera, ‘casa de gusano’- de la práctica barcelonesa Straddle3 consistió en la fabricación y gestión creativa de una estructura ligera que nos hace recordar la estructura del animal, despelgándose en distintos emplazamientos para albergar actividades diversas y posibilitar nuevos usos del espacio público.
Transformación institucional y giro ecológico. La herencia de esta generación de prácticas en aquellas que comenzaban su andadura con la caída de Lehman Brothers es visible. Su compromiso con espacios públicos y comunitarios se evidencia en proyectos en distintas geografías, apoyadas en la complicidad de contextos políticos progresistas y escenarios abiertos a la transformación. Pero el campo de trabajo más fructífero podría haber sido el del espacio institucional. Centros de arte, museos e instituciones culturales de todo tipo han sido clientes y promotores abiertos a experimentos espaciales, esta vez también influidos por el giro ecológico de las prácticas arquitectónicas y de diseño.
En Matadero, en Madrid, en la misma plaza en la que años antes había aparecido el Escaravox de Andrés Jaque/Office for Political Innovation, propuestas como F.U.A. (Furniture + Urban + Alphabets), de David Cárdenas, EEEstudio (Enrique Espinosa), Juanito Jones, Maria Mallo, Lys Villalba y Zuloark volvieron a transformar este espacio público-privado (o privado, de naturaleza colectiva) a través de estructuras y elementos en desuso propiedad del ayuntamiento, articulando un sistema de mobiliario e iluminación transportable.
Otro ejemplos, como la Tribuna pública de Flu-or y Alba Gonzalez, transformó temporalmente la plaza anexa a la antigua Tabacalera de A Coruña en un espacio para el debate público sobre el futuro de la ciudad. Lo hizo a través del volumen translúcido generado por un andamio y un textil.
O, más recientemente, la intervención de la propia Lys junto a Lluís Alexandre Casanovas Blanco en el también madrileño centro de Condeduque, Tres ensayos de paisaje. Ecosistemas móviles para climas futuros. Aquí, y influenciada por la sensibilidad ante la incertidumbre climática, un sistema móvil de islas que son a la vez mobiliario y parterre que plantean escenarios futuros. Ocupan un patio militar y traer al foro público preguntas sobre nuestros modelos de sociabilidad, sobre la vegetación o el confort ambiental.
En el espacio urbano, pero también en un contexto institucional y cultural, el del Festival MODEL 2023, encontramos el ARCA Portable Garden, de Takk (Mireira Luzárrga y Alejandro Muiño). Este elemento móvil “en forma de embalse alberga multitud de árboles, plantas, arbustos e insectos capaces de mitigar los efectos del calentamiento global o estimular la biodiversidad”. Se plantea como una suerte de prototipo que nos permite imaginar un modelo de jardín portátil que puede ocupar zonas urbanas densas para preguntarnos por la diversidad urbana y el papel de especies vegetales y animales no humanos en el abordaje de los futuros climáticos y el diseño de nuestras ciudades.
Este recorrido parcial y fragmentario deja, como es lógico, un montón de arquitecturas móviles e itinerantes fuera. También evita deliberadamente entrar en campos de una sensibilidad y complejidad tal como la de la arquitectura de emergencia como respuesta a conflictos o a la crisis climática, donde también las arquitecturas temporales juegan un importante papel. Es apenas un recorrido por el catálogo digital de la Casa de la Arquitectura que permite contarnos los intercambios entre las transformaciones culturales y sus dispositivos espaciales a través de arquitecturas que huyen de la permanencia pero no renuncian al peso de la transformación.



