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Itinerario
Tomo prestado el título de la famosa obra de Simone Weil para introducir una arquitectura de pertenencia e identidad local, tan asida a sus circunstancias como la planta que brota espontánea en su medio. El itinerario presenta una colección de obras comprendidas dentro de los límites geográficos de Castilla-La Mancha, región algo opaca a quienes han contado la historia de la arquitectura. Estas intervenciones no son hitos, ni casos singulares, sino arquetipos que se traban en un continuo material, formando el último estrato de un paisaje y de un conglomerado histórico de muchos episodios.
Comenzamos en un precipicio insólito, la Hoz del río Huécar en Cuenca, donde un caserío vertical de entramados de madera prolonga la pared calcárea de una altura formidable. Un conjunto de estas casas colgadas, ya habitadas en el siglo XV, es el destino de la colección del pintor Fernando Zóbel que funda en Cuenca el primer Museo de Arte Abstracto Español . Recuerda Gustavo Torner, uno de los artífices de esta obra, que Zóbel deseaba un museo exquisito, pero sin opulencia. Francisco León Merler y Fernando Barja, dos arquitectos municipales, conjugan los elementos góticos y renacentistas de la casa con un humilde rodapié pintado y una escalera que mira a la de Olivetti en Venecia de Carlo Scarpa. El museo se acomoda al carácter doméstico de la estructura que ocupa y se beneficia de su intensa relación con el paisaje, incorporado como parte de la colección.
Itinerario comisariado por
María Dolores Sánchez Moya
Profesora Titular del área de Proyectos Arquitectónicos y de Composición del Jardín y del Paisaje de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Castilla-La Mancha, donde se incorpora como docente desde su fundación en septiembre de 2010. Ha formado parte del equipo directivo de dicha escuela entre 2013 y 2025 como secretaria y subdirectora. Ha sido profesora invitada en las escuelas de arquitectura de la Università degli Studi di Napoli Federico II, Politecnico di Milano, FH Kärnten, FH Münster y ETSAM. Arquitecta por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid en 2003. Doctora por la Universidad Politécnica de Madrid en 2012, dentro del programa “Teoría y Práctica del Proyecto” del Departamento de Proyectos Arquitectónicos.
Medios de transporte
Junto a otro río, esta vez en Toledo, en un paraje conocido como Roca Tarpeya, Secundino Zuazo construye, a petición del escultor Victorio Macho, la casa-taller (1953) que le acogerá tras su exilio. Zuazo proyecta una arquitectura en dos piezas que se confunde con el caserío, conservando un jardín preexistente en la cornisa. Casi medio siglo después, Manuel de las Casas lleva a cabo la adecuación del conjunto para el Museo Victorio Macho y la Sede de la Real Fundación Toledo. De las Casas reafirma el valor intrínseco de este jardín que mira al río y los cigarrales y lo convierte en la plataforma de relación y confluencia de los recorridos. La obra subraya la idea de ciudad-paisaje como roca elevada sobre el Tajo, atalaya desde la que ver y ser visto.
Sobre este promontorio granítico se despliega un tejido poroso de gran coherencia tipológica que ha conseguido atravesar el tiempo gracias a su alta capacidad de adaptación. La casa-patio es una estructura doméstica de consumo mínimo, rica en penumbra y ventilación, recolectora de agua y descompresora de un espacio urbano intrincado a través del zaguán. El proyecto contemporáneo que rehace estos invariantes revela una variedad de sensibilidades en la consideración de la preexistencia. En obras como el Hotel Posada de la Sillería y la Casa de las Fuentes, Jesús Gómez-Escalonilla y Benjamín Juan Santágueda proceden devolviendo a las obras su orden espacial, restableciendo piezas históricas, reparando daños y limpiando pátinas. Los nuevos elementos se integran sin retórica ni sintaxis, coexistiendo como una nueva fase constructiva. En una actitud diferente encontramos la recuperación de la Casa-patio en Menores 12, fruto de un convenio I+D+i entre el Consorcio de la Ciudad de Toledo y la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Castilla-La Mancha para la consolidación de un palacio del siglo XVI en estado de ruina inminente. José Ramón González de la Cal y Javier Bernalte proyectan un exoesqueleto con una independencia deliberada de lo encontrado, que se ramifica por el patio como un árbol a medida que gana altura. Sobre este nuevo entramado descansa el antiguo, con sus deformaciones y desplomes intactos. La preexistencia aquí es un elemento narrativo; su pátina cuenta una historia que, por contraste con lo nuevo, se hace más elocuente.
La ciudad se eleva en torres y azoteas; la Casa-Carbonería del s.XVIII de Joaquín Vargas y Natalia Rodríguez recoge esta aspiración. El volumen amplía su eje vertical con un engalaberno que mira al valle del Tajo a través de una ventana del tamaño máximo permitido por las ordenanzas. Una escalera de caracol, elemento ajeno a la estructura original, relaciona con su trazado todos los niveles y tiempos.
Josefa Blanco Paz y José Ramón González de la Cal trabajan en los Baños del Ángel recuperando el nivel del suelo del siglo X y los paramentos iniciales. Donde la intervención se manifiesta los elementos son medidos y concretos: una puerta de mármol anasol-el mismo tipo de piedra empleado en el origen de los baños-, unos capiteles también de mármol que sustituyen los desaparecidos, y una escalera disuelta en perfiles de sección mínima que desciende al interior desde la calle. Estos nuevos componentes tienen una expresión abstracta que resuena con el carácter esencial del espacio.
En algunos proyectos, la identidad de la arquitectura rehabilitada se apoya en la permanencia de elementos previos como carpinterías, suelos, y huellas de otro tiempo. La intervención tiene un carácter de collage donde lo nuevo complementa lo preexistente sin descartarlo. De esta forma opera Javier Bernalte en el Pabellón de Enfermería y Escuela de Aprendices, donde, además, instala una escalera-lucernario que ilumina el vestíbulo central del edificio y hace accesibles las azoteas. En el Taller de Herramientas y Temple, Bernalte incorpora nuevos dispositivos que mejoran la relación del edificio con su entorno: con el sol, mediante de la superposición de unos dientes de sierra entoldados; con el aire, a través de la apertura de paños en las carpinterías existentes, y con la lluvia, gracias a la instalación de gárgolas que alejan el agua de la fachada. Estas naves son dos de las últimas obras de un amplio programa de transformación de la Fábrica de Armas de Toledo (siglo XVIII) en el campus de la Universidad de Castilla-La Mancha. Esta ciudad-recinto de ladrillo y fundición ha prolongado su vida útil gracias a las obras de rehabilitación comenzadas en 1998 por Diego Peris, Rafael Elvira, Mario Muelas, Agustín Mateo y la implicación de varios arquitectos de la zona.
Al sur, una ciudad subterránea de más de dos mil bodegas-cueva se extiende bajo Tomelloso. Su subsuelo, de arenas limosas cubiertas por una costra carbonatada, ha facilitado excavaciones espontáneas, como las realizadas por la minería de subsistencia en el barrio de la Esperanza. Allí se descubre un sistema de túneles que supera los 40 metros de longitud en peligro de colapso inminente, con el consiguiente riesgo de derrumbe del caserío asentado justo encima. El Ayuntamiento de la ciudad y la Universidad de Castilla-La Mancha suscriben un convenio para su estabilización de emergencia. Juan Alonso, José Antonio Aguado y Javier Vellés, profesores de la Escuela de Arquitectura de Toledo, intervienen con técnicas locales, medios sencillos y geometría racional. El terreno se apuntala con pilares-hiperboloide que evitan el punzonamiento y muros aligerados por arcos parabólicos. La construcción con fábrica de ladrillo y relleno de los cascotes de los desprendimientos pretenden ser modelos reproducibles por los operarios locales para solucionar futuros problemas de estabilidad de cuevas.
Finalizamos en un tejido de corrales y parcelas profundas, cada vez más escaso en los pueblos de La Mancha. Miguel Fisac transforma un antiguo molino de aceite en Almagro (1978) en su casa de vacaciones. El arquitecto asume la traza semiderruida de dependencias que surgen en torno a dos grandes patios-corral despejados. La fachada pasaría desapercibida de no ser por las jambas de hormigón de encofrado flexible en el portalón de acceso y balcón, y por la artesanía intencionada de las rejas. Aparece aquí el Fisac experimental sobre la técnica comprobada de cal y tapial; el autor sobre la arquitectura anónima.
La asimilación del tejido nativo de Almagro y la superposición de una nueva capa es la forma de operar que vertebra las obras reunidas en este panorama. Los casos que hemos visitado reafirman y extienden la vida de las estructuras preexistentes en un proceso acumulativo que hace de la arquitectura un fenómeno vivo. Estas intervenciones a medida tienen una condición artesana que requieren de la participación de unos oficios locales tan escasos como valiosos. En un tiempo marcado por la conciencia de la huella de nuestra actividad en el planeta, estos ejemplos y sus modos de hacer implícitos tienen un alto valor contemporáneo.



