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Itinerario
En el año 2006, la revista italiana Domus publicaba un número editado por Rem Koolhaas y su práctica de investigación AMO titulada “Post-occupancy”. Como cuenta el arquitecto e investigador Lluís Juan Liñán, en la revista se “optó por ‘re-presentar’ cuatro obras recientes de OMA (…) a través de ‘la monitorización de sus efectos en sus respectivos anfitriones y usuarios’ (…) un sorprendente ejercicio multimedia de aproximación a la arquitectura que incluye, entre otros, un mosaico de fotogramas subtitulados extraídos de una serie de reportajes televisivos retransmitidos el día de la inauguración de los edificios, un recorrido fotográfico por la embajada berlinesa efectuado por un diplomático holandés, un mosaico de fotogramas capturados por las cámaras de vigilancia de los edificios o una selección de comentarios recogidos en foros y redes sociales”.
Itinerario comisariado por
Pablo Ibáñez Ferrera
Comisariado web, La Casa de la Arquitectura
Diego Morera Sánchez
Comisariado web, La Casa de la Arquitectura
Antonio Giráldez López
Comisariado web, La Casa de la Arquitectura
Medios de transporte
Lo que en otro campo artístico apenas habría supuesto una nueva forma de ver lo producido, un ejercicio más de reconfiguración, redirección o extrañamiento de la mirada, en el de la arquitectura representa un cambio de paradigma radical en las formas de representación que desarticula un conjunto de mecanismos, convenciones, inercias o vicios que se han transmitido, disciplinarmente, de generación en generación, a través de todo tipo de medios y realidades comunicativas.
Históricamente, estudios de arquitectura, profesionales de la fotografía y medios impresos y digitales han construido y dirigido el control sobre la comunicación y la distribución de las representaciones de la arquitectura en todo tipo de contextos. Salvo excepciones concretas que, en los últimos años, han venido a transformar estas lógicas, la fotografía de arquitectura ha sucedido, tradicionalmente, en un lugar y un tiempo concreto, entre el fin de la obra y su ocupación final. Sus planos, sin habitantes, y poblados con mobiliario alquilado por horas antes de la llegada del real, son herederos de la tradición fotográfica de cada cultura. Se piensan y plantean en un acuerdo tácito entre arquitectura y fotografía. Los medios, herederos de la misma tradición, seleccionan proyectos e imágenes que no generan extrañeza, y sus perspectivas, dimensiones, orientación, resolución, fugas y temperaturas evolucionan a lo largo de las décadas a la misma velocidad que las tecnologías de captura, a la vez que lo hacen los ritmos de publicación y consumo de los medios en los que se insertan.
Más allá de estos controlados y dirigidos dispositivos de comunicación, la cultura popular ha ofrecido otras formas de mirar la realidad construida. Si el cine constituyó una fuente de narrativas alrededor de la arquitectura y la construcción del espacio que se enfrentaba a las lógicas de la fotografía de la arquitectura, hoy en día las redes sociales, las plataformas y los videoclips aparecen como las fuentes de representación más ricas, subversivas, heterogéneas y virales con los que sacudir y poner en cuestión las lógicas y mecanismos de comunicación de la arquitectura moderna y contemporánea.
Rehabitar. Si hablamos de post-ocupación, se nos viene rápido a la cabeza el famoso clip de Francisco Javier Sáenz de Oíza visitando las viviendas sociales que proyectó en el borde de la M-30, en Madrid. Conocido como “El Ruedo” y destinado a la absorción de población, en su mayoría gitana y procedente del área chabolista del Pozo del Huevo, en Vallecas, los estándares espaciales y mecanismos arquitectónicos desplegados por el arquitecto en el bloque no convencían del todo a sus usuarias: "Si su mujer tuviera que cocinar aquí, ¡¿cómo podría hacerlo?!". "¡Deja la casa, hazte arquitecto, y a ver si las haces mejor!", respondía el autor, por momentos enfurecido.
Si hablamos de brechas entre proyectar y habitar, a la mente se nos vienen también una solitaria casa de vidrio en lo alto de una meseta en el desierto del Gorafe. Una planta triangular despliega bajo su cubierta plana la enésima reinterpretación del sueño húmedo moderno de una vivienda totalmente acristalada. La conocimos, primero, entre las seleccionadas en algún premio de arquitectura habitada para la ocasión por un vaquero y un caballo bajo un cielo totalmente estrellado. En la serie distópica Black Mirror fue el lugar de retiro solitario de un importante CEO de una empresa tecnológica, alejado del bullicio del área metropolitana de Londres. Aparece de nuevo entre los hi-hats en tresillo y los acordes tristes de R.I.P Plantitas, de Rakky Ripper. Entre sus juegos de espejos y transparencias de la casa, la granadina narraba una dolorosa ruptura.
La única diferencia entre todas estas secuencias y capturas reside en los glitches que se producen entre unas y otras. Culpamos en su momento al móvil de la pérdida de paquetes de información que hacía que viésemos errores al comparar unas imágenes con otras, fallos de paralaje que hacían que, en la pantalla, el aspecto impoluto de la vivienda mostrase una realidad mucho más banal plagada de elementos arquitectónicos como protecciones y barandillas. Una casa envuelta, también, de toda una serie de pactos de ficción desde el mismo instante de su construcción. Una casa jamás pensada para ser vivida, sino para servir de showroom de una marca de productos de construcción. Una casa que encontró, en las sucesivas ficciones que la recorrieron por unos minutos, un habitar jamás diseñado.
Descontextualizar. Si habitar lo inhabitable es un gesto presente en películas, series o videoclips, el desplazamiento juega un papel clave en la construcción de ficciones y el contexto es un elemento fundamental en esta operación.
En Tiempo después, adaptación cinematográfica de su novela homónima, Jose Luis Cuerda descontextualiza la arquitectura para armar un escenario de ficción posapocalíptico. Situada en un futuro próximo, solamente queda un edificio en el mundo, una singular mezcla de la Sede del Instituto del Patrimonio Cultural y Torres Blancas. Los edificios se combinan para formar un escenario perfecto. La planta circular del edificio de Fernando Higueras, el único de los dos que aparece en sus planos interiores, genera un pasillo infinito que se asemeja al de una nave espacial y que tiene un papel fundamental en esta trama surrealista. El fondo del edificio se sustituye por un árido desierto y la corona de espinas se duplica también para apoyarse en el ático del famoso conjunto de Sáenz de Oíza.
En Poems from Ramayana, el rapero Emelvi y el director Nacho Villar también descontextualizan la arquitectura contemporánea para construir un futuro ficcionado, en el que el fondo vuelve a tener un papel fundamental. En sus planos, un jinete y su caballo recorren territorios en los que solo resisten infraestructuras de hormigón colonizadas por vegetación exhuberante alrededor de una ciudad hiperpoblada.
En ellos, entre los que destaca la presencia del Complejo de Comunicaciones de Espacio Profundo de la NASA en Robledo de Chavela, en Madrid, el verdadero protagonista es el Edificio Mirador. El famoso bloque de 156 viviendas públicas, obra de MVRDV y Blanca Lleó en la capital, pierde su contexto para convertirse en un moderno complejo de apariencia carcelaria como único reducto de orden y urbanidad. En los planos, de una marcada influencia cinematográfica y llenos de simetrías, su contexto se borra para incorporar un fondo más propio de la ciudad amurallada de Kowloon que del PAU de San Chinarro.
Desplazar. El debut de ANTIFAN, proyecto post-punk del rapero Jerva con I-ACE y Harto, nos traslada a un escenario extrañamente conocido para amantes de la arquitectura y otros cafeteros. Los redondeados pilares y ventanas y los tabiques curvos del ático de Torres Blancas, de nuevo, se visten para la ocasión en el vídeo dirigido por Nicotine.
El espacio de este antiguo restaurante de lujo, situado en la última planta del famoso edificio, diseñado también por el propio Sáenz de Oíza, aprovechando su apariencia retrofuturista y blandita, se transforma durante cuatro minutos en una suerte de manicomio o espacio de reclusión que escenifica las preguntas y escenarios que plantea el tema: apología de las drogas ante un posible fin del mundo, violencia y desesperanza ante un presente que se acaba. Sin el mobiliario original, de cuero rojo, el organicismo del proyecto, sus ventanas circulares mayoritariamente fijas, techos ondulados, instalaciones ocultas y tonos crudos desplazan su significado original para convertirse en perfectas arquitecturas del encierro, unas a prueba de autolesiones en plena planta veintidós en las que su protagonista, encerrado y maniatado, es observado por cámaras de videovigilancia y vidrios de seguridad que no forman parte del proyecto original.
Subvertir. En 2021, la catalana Bad Gyal y el rapero nigeriano Rema publicaban en todas las plataformas su tema “44”. En los planos del videoclip, la artista se baña y posa en varios escenarios, de vidrio, agua y plástico, unas curiosas “peceras” en las que la arena convive con flores artificiales de colores. En otros, se contonea en un espacio longitudinal de una particular geometría y paredes doradas. Lejos de ser un escenario temporal creado para la ocasión, como los construidos ex profeso para tantas producciones, el video se rodó en el reconocido Restaurante y Pabellones de Les Cols, en Olot, diseñado por rcr arquitectes. En el video, el lujo representado por el pan de oro y los grandes vidrios sin marco de un espacio dedicado a la alta gastronomía conviven con la presencia de cientos de flores de bazar, subvirtiendo la materialidad original de su arquitectura.
Cuenta el dúo Belledenuit, a cargo de la dirección del vídeo, que la idea original del videoclip era crear una arquitectura ad hoc para la artista, diseñada por el estudio Takk: un elemento colgante de pelo rosa a modo de toro de rodeo que, finalmente, no pudo incorporarse a la producción. Nos conformaremos con las flores de plástico contra el lujo de un “dos-estrellas-michelín”.
Si, como apuntan David García Asenjo y José María Echarte, aplicamos “criterios marxistas para describir la mercancía, sea esta artística o no”, la obra de arquitectura puede considerarse como tal. Al fin y al cabo, “es, en sus orígenes gremiales, un trabajo productivo en los términos clásicos: se enfrenta al capital en forma de salario y, más allá del empleo de unos tratados básicos de soluciones constructivas, es eminentemente físico”. De la misma forma que la entrega del edificio posibilita la apropiación y reapropiación de sus usuarias, así como su reconfiguración, manipulado o incluso destrucción, el intercambio también abre un horizonte de posibilidades para su comunicación y su remediación. Fuera de la arquitectura, las visiones externas posibilitan reconstruir los discursos visuales alrededor de lo construido y la cultura popular subvierte las lógicas elitistas de los exclusivos y cómplices pactos entre arquitectura, fotografía y comunicación.
Este fragmentario e incompleto recorrido por algunas arquitecturas recientes representadas en la cultura popular, fuera del dominio de la arquitectura y su comunicación, demuestra las capacidades de la ficción para poner en jaque las lógicas disciplinares y convenciones heredadas. ¿Qué sucedería si la arquitectura perdiese agencia sobre su comunicación? ¿Qué pasaría si no fueran los arquitectos quienes comunicasen sus propias obras? ¿Qué otras lecturas y horizontes de posibilidades –espaciales, sociales y vitales– podrían esbozar?



