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Itinerario
Entre 2007 y 2010, la Abadía y Biblioteca de Montserrat aceptó participar en un proyecto de Google para digitalizar parte de su fondo, en su mayoría obras de humanidades y teología, y sobre todo libros de dominio público. El complejo se había articulado como una importante fuente de cultura desde su fundación en el siglo XI, e incluso contaba con su propio scriptorium. En el documental de Ben Lewis, Google and the World Brain (2013), el Padre Damià Roure, director de la biblioteca, se queda mudo cuando le preguntan si es justo que Google no pagara por el uso y su consecuente distribución.
Itinerario comisariado por
Antonio Giráldez López
Comisariado web, la Casa de la Arqutectura
Diego Morera Sánchez
Comisariado web, la Casa de la Arqutectura
Pablo Ibáñez Ferrera
Comisariado web, la Casa de la Arqutectura
Medios de transporte
Ann Blair, Paul Duguid, Anja-Silvia Goeing y Anthony Grafton recuerdan en Information: A Historical Companion (2021) la importancia de las instituciones y organizaciones religiosas en la observación, recogida y circulación de datos y conocimiento. Redes como la jesuita, que contaba con sedes en todo el mundo, recopilaban materiales y análisis y los enviaban al Collegium Romanum, donde se centralizaban y sistematizaban, y desde donde se instruía e instituía.
La acumulación de la información y el conocimiento tiene importantes implicaciones éticas, legales o coloniales. También espaciales. En su origen, las organizaciones religiosas, que contaban con los medios para el estudio, concentraban el poder y las ramificaciones transnacionales, custodiaban la mayoría del conocimiento, poniéndolo al servicio de comunidades concretas y dirigiendo su aplicación y difusión.
Como cuentan las arquitectas Serena Dambrosio, Nicolás Díaz y Linda Schilling, la articulación pública del conocimiento hizo que archivos y bibliotecas se convirtieran en espacios abiertos y disponibles para la ciudadanía, edificios representativos de la esfera pública y atendidos por la Arquitectura (con mayúscula) como tal. Hoy, en el paradigma de la redundancia digital, las grandes empresas tecnológicas y multinacionales centralizan los motores de búsqueda, la computación en la nube o la computación cuántica, pero también acumulan nuestra información, duplicada, en edificios y complejos de todo el mundo, en geografías cada vez más distribuidas. Son, en su mayoría, volúmenes mudos, anodinos, que pasan desapercibidos en periferias urbanas, tras muros cada vez más opacos, lejos de nuestras miradas indiscretas y del debate público.
¿Podríamos contar una historia fragmentaria de la arquitectura que atendiera a cómo la información ha sido acumulada, custodiada y espacializada? ¿Qué tipologías históricas han albergado el conocimiento humano? ¿Qué preguntas plantean hoy en relación a cuestiones ambientales, éticas o estéticas?
De archivo a archivos. En las eras predigitales, los archivos, la acumulación del conocimiento y su custodia contaban con implicaciones muy diferentes a las actuales, donde el acceso a los archivos digitales, duplicados en servidores de todo el mundo, está garantizado desde cualquier latitud si contamos con permisos o somos capaces de romper sus barreras de seguridad.
En Valladolid, antigua capital española, encontramos el Archivo General de Simancas, un complejo construido por Juan de Herrera que conservaba fondos documentales, mapas y planos de los órganos de gobierno de la Corona de Castilla y posteriormente de la Monarquía y del Reino de España hasta el reinado de Isabel II.
En la España colonial, el Archivo General de Indias constituyó uno de los espacios de custodia de conocimiento, documentos e información más importantes. El complejo, alojado en la Casa Lonja de Mercaderes de Sevilla, también de Juan de Herrera, constituye uno de los ejemplos más rotundos del clasicismo renacentista español. Sus paredes acogían toda la documentación relativa a la presencia colonial española en ultramar, tanto en América como en Filipinas.
El Decreto 914/1969 de 8 de mayo, que configuró de forma definitiva el sistema de archivos de la Administración, condujo a la creación del Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares, heredero directo del de Simancas y del desaparecido Archivo General Central (1858-1939), situado también en Alcalá. Su destrucción dio lugar a la construcción de esta obra del arquitecto valenciano Juan Segura de Lago, inaugurada en 1969. Entre sus funciones se encuentran “recoger, organizar y poner a disposición pública los documentos producidos por el poder ejecutivo del Estado (…) para la investigación científica, el aprovechamiento cultural o el simple ejercicio de derechos”.
La Constitución de 1978 reguló el acceso de los ciudadanos a los archivos y registros administrativos, algo que, como apunta Severiano Fernández Ramos, fue extraordinariamente avanzado para su época, pues “por aquel entonces solo algunas de las democracias más avanzadas del mundo habían reconocido e implantado un derecho de acceso de la ciudadanía a la documentación pública”. Además, fijó la distribución competencial entre el Estado y las comunidades autónomas, lo que descentralizó la custodia de los fondos documentales y condujo a la proliferación de edificios-archivos accesibles a toda la población. Es por ello que, desde la llegada de la democracia, tanto la intervención contemporánea en edificios históricos destinados a archivos como la creación de complejos de nueva planta han sido un terreno muy fértil. Estos casos muestran la inherente disputa entre el carácter público de estos edificios y la opacidad necesaria para su aislamiento y protección por motivos de conservación.
En Valladolid, la intervención de Gabriel Gallegos y Primitivo González en la Rehabilitación de la Iglesia de San Agustín para Archivo Municipal de la ciudad, combina la creación depósitos subterráneos y pieza de tres niveles que forma el cerramiento sur con una intervención más ligera y abierta en la nave de la antigua iglesia que crea un luminoso espacio de consulta y lectura bajo la nueva cubierta.
En el Archivo histórico provincial de Zamora, Sergio de Miguel, Jesús Ulargui y Eduardo Pesquera alojan los depósitos documentales en las dos plantas superiores, que no llegan a tocar la fachada existente y protegida, y donde poseen las mejores condiciones naturales de estabilidad climática y seguridad. En el Archivo Municipal de Toledo, Ignacio Mendaro recupera la volumetría original de la iglesia, generando una arquitectura muraria cuyas aperturas generan distintas transparencias de patios interiores.
Ya pasando a edificios de nueva planta, en el proceso de diseño del Archivo comarcal del Baix Camp, en Reus (Tarragona), Jordi y Núria Oliveras Boix dan cuenta de esta lucha entre transparencia y opacidad, entre disposición y conservación. Aquí, las restricciones a la entrada de luz, por motivos de conservación, conducen a la formalización de un volumen potente, masivo y hermético. En el Archivo histórico comarcal del Garraf, la arquitecta Meritxell Inaraja i Genís estructura módulos opacos cuya dimensión responde a las necesidades y normativas del depósito de documentos, iluminando las zonas de paso mediante su separación y los vacíos generados por los patios.
Libros y libros. Si hablamos de acumulación de conocimiento e información y de su repercusión arquitectónica, rápidamente se nos vendrá a la mente la biblioteca como programa paradigmático. Sus tipos y lógicas han mudado enormemente desde la modernidad hasta nuestros días, así como su carácter, pasando de ser espacios tradicionalmente reservados para el silencio y estudio a constituir nuevas ágoras públicas abiertas a todo tipo de usuarias y programas.
En algunos casos, archivos y bibliotecas han convivido como programas combinados en el mismo edificio o complejo. Existen ejemplos singulares, como la Biblioteca y Archivo Regional de la Comunidad de Madrid en la antigua fábrica de cervezas El Águila, de Mansilla + Tuñón. Fruto de un concurso público de 1994, los monumentales espacios libres de la antigua fábrica guiaron una intervención que puso en marcha una “estrategia de conservación y renovación proporcionada”, controlando las demoliciones y proponiendo el reciclado de materiales, optimizando recursos energéticos a través de sistemas pasivos, de regulación de la energía y control de los residuos.
En Molins de Rei, Barcelona, AMB (Àrea Metropolitana de Barcelona) y Antonio Montes Gil intervienen en la antigua fábrica de tejidos Ferrer y Mora para crear la Biblioteca El Molí. Conservan su imponente fachada definiendo una nueva sección de la cubierta, que recupera el perfil original del edificio y potencia la iluminación natural y la creación de terrazas.
Intervenciones recientes como el Archivo municipal y Biblioteca pública de la ciudad de Baiona, en Pontevedra, Murado + Elvira (Clara Murado y Juan Elvira) diseñan una cálida y amable intervención guiada por la continuidad de la madera en contraposición a las fábricas de piedra existentes, que busca devolver el protagonismo perdido de los singulares espacios exteriores del antiguo Hospital Sancti Spiritus: patio y jardín.
Ejemplos recientes de nueva planta buscan crear nuevas relaciones entre interior y exterior, imaginando nuevas atmósferas más luminosas para la lectura. En Córdoba, la Biblioteca pública de Córdoba, de Paredes Pedrosa, crea un balcón volado que introduce la visión de las copas de los árboles del jardín al interior. En Asturias, la Biblioteca y sala de estudios en Salinas, los arquitectos Nacho Ruiz Allén y Sara López Arraiza proponen un tratamiento diferenciado de los techos, generando una escala menor, más íntima y recogida, para sus usuarias.
Dos premiados ejemplos recientes, en Madrid y Barcelona, buscan de igual forma redefinir lo que imaginamos como biblioteca. En la Biblioteca de los Mil Soles, la primera biblioteca pública de Villaverde, en Madrid, MADC & Partners introduce un conjunto de sistemas de fachada y cubierta —lucernarios, lamas verticales, brise-soleil, celosías…— que redirigen la luz solar hacia el envés blanco de la cubierta y el armazón estructural en madera. Filtrada, la luz natural genera una atmósfera de luz indirecta, cálida y vibrante. En Barcelona, SUMA Arquitectura apuesta, para la Biblioteca Gabriel García Márquez, por una redefinición total de las relaciones entre arquitectura, colección, personal y usuarios, “ofreciendo una colección de ecosistemas cuya experiencia resulte irremplazable (…) acceder, intercambiar y producir conocimiento para todas las edades y tipología de público”.
De conmutadores a routers. Lejos del escrutinio público, otras arquitecturas de la información y la custodia han permanecido ocultas, protegidas de las condiciones climáticas, en centros y periferias de todo el país. La llegada y popularización de tecnologías como la telefonía generaron nuevas redes infraestructurales en todo el territorio estatal. Los edificios de la Compañía Nacional Telefónica, fundada en 1924 para monopolizar el servicio telefónico estatal, articularon una importante red también para la arquitectura, creando nuevos tipos diseñados por arquitectos de distintas generaciones y geografías y que hoy forman parte de la historia de la modernidad española.
Estos primeros centros contaban por lo general, con estructuras potentes capaces de generar espacios diáfanos y flexibles, paramentos opacos, que protegieran los espacios interiores de las condiciones externas. Originalmente contaban con equipos con conmutadores, alineados en salas enormes con pasillos de estructuras y racks metálicos de gran altura, grupos electrógenos propios y sistemas de control ambiental, climatización y filtrado de polvo para crear atmósferas constantes que garantizaran la estabilidad de los sistemas.
Con la llegada de internet, estos edificios comenzaron a alojar pequeños centros de datos y routers de backbone, equipos de red de alta capacidad que comenzaron a conectar redes locales, regionales, nacionales y globales mediante cables de fibra óptica.
En esta genealogía, destaca el trabajo de Julio Cano Lasso, que firmó varias de las instalaciones de Telefónica en Madrid y sus alrededores. La opacidad y rotundidad de estos complejos iban como anillo al dedo de la expresión material y formal de la obra de Cano Lasso, que encontró en la masa, los muros de contención de ladrillo y el juego de volúmenes puros un lenguaje acorde a las necesidades de este tipo, matizada con paramentos curvos y gestos quebrados.
El arquitecto madrileño, que tuvo en el régimen franquista su principal cliente, diseñó la Central Telefónica de La Concepción y la de Torrejón de Ardoz, así como la Central de comunicaciones vía satélite de Telefónica en Buitrago de Lozoya, Segovia.
En Castilla y León, destacan otros dos ejemplos para Telefónica en Valladolid, como el Central de Emilio Pardo, Francisco Damián Galmes y Manuel Guerra en la Calle Santiago Rusiñol o la Central en el Paseo de Zorrilla, de Fernando Barandiarán y José María Anasagasti López-Sallaberry, retratada en pleno funcionamiento por el fotógrafo Juan Miguel Pando Barrero.
Las centrales telefónicas ya avanzaban algunas de las lógicas reproducidas hoy, en distintas geografías, por los nuevos centros de datos. Son edificios opacos, que pasan desapercibidos en centros urbanos y periferias anodinas. Son casi indetectables. De hecho, en el catálogo de la Casa de la Arquitectura no hay, aún, ninguno. Es un campo emergente que de desarrolla velozmente fuera de los ojos atentos de nuestra disciplina. No obstante, en el campo de la investigación, el giro reciente hacia las implicaciones espaciales de los datos también se materializa en libros, instalaciones y propuestas más especulativas.
En el estado español, destaca el trabajo de la arquitecta Marina Otero Verzier, con textos como En las profundidades de la nube. Arquitecturas para el almacenamiento y soberanía de datos en la era de la AI, o la investigación reciente de rellam (Lluís Juan Liñán, Xevi Lluch y Andrea Gimeno) con el fotógrafo Juan Baraja, producida para la XVII Bienal de Arquitectura y Urbanismo, que recorre y registra los interiores de centros de datos distribuidos en la ciudad de Madrid.
Entre transparencia y opacidad, nuestra información y nuestro conocimiento construye viejas y nuevas arquitecturas, que evolucionan velozmente a la vez que lo hace la sociedad de la información. Este es un recorrido fragmentario y parcial por algunas de ellas.



