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Itinerario
No existe un material que encapsule mejor que el ladrillo el vínculo de la construcción con otros aspectos de la vida. Tanto es así que, en nuestro país, el ladrillo sirve como unidad de medida del estado de la economía, de sus expansiones y pinchazos, y también como sustituto imaginario de muchas cosas, como un viejo teléfono o un libro interminable. Esta resonancia cultural responde a dos de sus cualidades fundamentales. Por una parte, su conexión con la tierra y con el cuerpo humano, ya que tiene su origen en el barro, sus dimensiones son las de un pie y su colocación habitual es con la mano. Y, por otra, su presencia sostenida en la historia de nuestros hogares y ciudades, desde la Antigüedad hasta el día de hoy.
En el encuentro entre todas estas cualidades reside la fascinación que despierta el ladrillo en muchos arquitectos, una fascinación que es especialmente intensa en nuestro territorio por una razón particular: durante la primera mitad del siglo XX, las dificultades económicas hicieron imposible rechazar el ladrillo y su carácter tradicional en la defensa de una nueva arquitectura, de manera que la modernidad en nuestro país se desarrolló en relación directa con la economía humilde de este material. En este sentido, podríamos comenzar este itinerario recorriendo la Casa de las Flores, el Complejo parroquial de Nuestra Señora de la Luz, el Edificio Bankinter o el Centro de Investigaciones Biológicas de los Patronatos Cajal y Ferrán del C.S.I.C., y comprobar el protagonismo del ladrillo en algunas de las obras más celebradas del siglo XX en España.
Itinerario comisariado por
Lluis Juan Liñán
Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana
Medios de transporte
En la última, descubriremos además que, a pesar de su arraigo, es posible repensar un ladrillo para dar forma a nuevos acabados y texturas. Es lo que hizo Miguel Fisac en las fachadas laterales del edificio, conformadas mediante un ladrillo curvo de diseño propio. Y es lo que han hecho otros autores más recientes en obras como el Proyecto de Rehabilitación de una Casa en la Clota, el Petit Palau. Ampliación del Palau de la Música o la rehabilitación de Santa María de Vilanova de la Barca, donde los ladrillos se colocan con audacia e imaginación para producir atmósferas envolventes, cálidas e inesperadas.
En el chaflán cóncavo donde se encuentran las fachadas del edificio proyectado por Fisac, por el contrario, el ladrillo está colocado en una disposición habitual para garantizar la condición estructural del muro. Y eso que en su base la figura humana esculpida por Carlos Ferreira parece pelearse por evitar su derrumbe o, quizás, por cubrirlo con una fina capa de mármol.
Es precisamente ese estado intermedio, que nos hace dudar si el edificio está en construcción o en ruina, el que soporta la buena relación del ladrillo con la historia y el patrimonio. Una relación que salta a la vista en arquitecturas tan sutiles como el Centro Cultural Escuelas Pías de Lavapiés, el Centro Cívico Cristalerías Planell o Can Sau. Escenografía de Urgencia. En todas ellas, lo viejo y lo nuevo entran en sintonía para generar una arquitectura tan atenta como contemporánea.
El Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, levantado con muros que trasladan la construcción romana a un esquema espacial moderno, encapsula perfectamente esta capacidad para poner de acuerdo lo viejo con lo nuevo, la abstracto con lo concreto, o la innovación con la tradición. Al igual que sucede en nuestro día a día, el ladrillo invoca en estas obras toda clase de tiempos y asociaciones.



